Vida y Ocio

Francis, director del programa de televisión y la revista Girls Gone Wild (Chicas salvajes), y Flynt, el editor de la publicación Hustler, han emitido un comunicado conjunto, con el mismo tono solemne de los tres grandes del automóvil de Detroit, donde se lamentan de la pérdida de clientes y destacan la importancia de su negocio para la buena marcha del país. "Esto es muy malo para nuestra salud como nación. Los estadounidenses pueden prescindir del automóvil, pero no del sexo", alertó Flynt. "Con todo el sufrimiento económico y la pérdida de tanto dinero, el sexo es lo último en lo que la gente piensa. Es hora de que el Congreso rejuvenezca el apetito sexual de Estados Unidos", añadió.
Las ventas y alquileres de vídeos pornográficos cayeron un 22% el año pasado, al tiempo que aumentó el tráfico en Internet, según el informe, que indica que aproximadamente la mitad de los usuarios de la web visitan páginas XXX. Los dos empresarios, que controlan también una importante tajada de las ventas on line, aseguran que cada mes 75 millones de personas visitan alguna página de adultos.
En tiempos de recesión, con las cifras de desempleo acercándose peligrosamente a los dos dígitos, a los legisladores podría preocuparles menos ciertas cuestiones morales que el hecho práctico de que un sector tan importante como la industria del sexo se desplome por falta de incentivos. Pero para que los políticos entren en acción, Francis y Flynt necesitan que a su lobby se unan más empresarios damnificados por la crisis. Grandes distribuidoras de Carolina del Sur y California se han adherido rápidamente a la propuesta. "Las empresas de entretenimiento de adultos afrontan los mismos retos económicos que las fábricas de coches o las instituciones financieras", aseguró Suzann Knuzsen, portavoz de NewsChannel 36, que se plantea reducir su plantilla de 200 trabajadores por la caída de beneficios.
Los colectivos que se oponen a la comercialización del sexo, empezando por los omnipresentes grupos religiosos, todavía no han puesto el grito en el cielo. Pero lo harán, a poco que la propuesta se cuele en el Congreso. Las feministas ya han reaccionado destacando la "hipocresía" de la propuesta: "Dicen que quieren dinero no porque la industria del sexo sufra por la crisis, sino porque EE. UU. necesita más porno para ayudarnos a pasar estos tiempos difíciles".







