Economía

Ramón Morales, secretario de acción sindical de la FIA-UGT-PV, apuntó a la mañana del 14 de octubre como la fecha en que los sindicatos recibirán las razones de una liquidación que supone dejar en la calle "a cerca de 350 trabajadores", según Morales, quien aseguró que el martes solicitarán "más explicaciones de todo esto".
Los empleados llevaban tiempo temiéndose lo peor, una situación a la que ha llegado por un problema de liquidez que venía arrastrando desde hace meses, según fuentes judiciales. El grupo empresarial (General Garments S.A, Sáez Merino SAU, Sáez Merino Sewing SAU y Sáez Merino Textile SAU) contaba únicamente con dos centros de trabajo, uno en Benaguacil y otro en Daimiel (Ciudad Real).
La firma había recibido para esta temporada un gran número de pedidos, según fuentes sindicales, que reconocieron, sin embargo, que los trabajadores "se esperaban" que la liquidación llegase más pronto que tarde. La competencia asiática, sobre todo en cuanto a precios, ha sido la espada de Damocles que amenazaba la viabilidad.
"Esta mañana a las doce han reunido al comité para anunciarles que van a presentar ante el juzgado la liquidación porque no pueden hacer frente a los pagos de la deuda", señaló Alfredo Sanmartín, representante del sindicato UGT.
La actividad de la empresa en Valencia se había concentrado en Benaguacil, después de que durante medio siglo salpicase la provincia de centros de producción que durante los últimos cuatro años han ido cerrando uno detrás de otro.
"La empresa había manifestado dificultades para hacer frente a los pagos a los que se había comprometido en el convenio firmado con los acreedores, que había sido impugnado", según fuentes judiciales, que señalaron que la corporación textil valenciana "no tenía flujo suficiente para generar la liquidez necesaria para hacer frente a los pagos pendientes. A pesar de que dispone de solvencia patrimonial, la actividad mercantil no ha logrado evitar el colapso financiero generado por las deudas".
Desde UGT se lamentaron de que la empresa "no haya logrado levantar el vuelo una vez entró en el proceso concursal". El grupo empresarial no ha presentado ninguna propuesta de Expediente de Regulación de Empleo ante la Generalitat, según fuentes de la Conselleria de Economía, que precisaron, no obstante, que "se puede iniciar el proceso de liquidación y posteriormente presentar el ERE".
Morales se mostró sorprendido "de que un anuncio de este tipo lo reciban los trabajadores a través de una reunión muy breve, sin estar presente los máximos responsables de la empresa y teniendo la posibilidad de hacerlo en la reunión del próximo martes, que estaba pactada desde hace mucho tiempo y en la cual, obviamente, vamos a pedir todas las explicaciones posibles para ver si hay alguna solución antes del cierre". Una vez la empresa solicite la liquidación, se volverá a intervenir judicialmente para que, durante los próximos meses, proceder a liquidar todos los activos.
El caso de Sáez Merino es paradójico dentro de los concursos de acreedores declarados en los juzgados valencianos, ya que, según fuentes judiciales, "la empresa contaba con un activo muy superior al pasivo, lo que en teoría le debía de haber permitido capear sus deudas; sin embargo, una vez se inició el proceso, ese activo se fue reduciendo muy rápidamente". En febrero de 2006, cuando Sáez Merino presentó voluntariamente el proceso concursal declarado por el Juzgado de lo Mercantil número 2 de Valencia, la empresa valenciana comunicó que su pasivo es de 65,8 millones y su activo, de 175,47 millones.
La actual crisis financiera no supone más que el escenario final de los últimos días de una firma textil que, realmente, estaba aquejada de un proceso productivo que no tenía capacidad para competir con el de sus rivales de buena parte del mundo, sobre todo asiáticos.
Sin embargo, la esperanza para los trabajadores del grupo Sáez Merino volvió a renacer cuando en mayo del año pasado se logró un acuerdo con la mayoría de los acreedores.
A partir de ese momento se iniciaba un plan de viabilidad en el que los plazos de pago debían cumplirse bajo amenaza de liquidación.
Aquella empresa que contaba con cerca de 1.700 trabajadores en su plantilla hace tan sólo cuatro años, se plantó este verano con apenas el 20% de aquella antigua nómina de empleados. Ahora, la amenaza de cierre se cumplirá.




