Noche de fuego y agua. Las llamas quemaron en la pasada madrugada los 178 monumentos fogueriles que durante los últimos cinco días han adornado las calles y plazas de Alicante. El agua acabó con el fuego . Concluyó de esta forma la edición número 80 de les Fogueres de Sant Joan en Alicante. Un millón de personas abarrotaron las calles de la ciudad para no perderse el espectáculo.
A las doce de la noche, con el disparo de la tradicional palmera desde lo alto del Castillo de Santa Bárbara, a cargo de la Pirotecnia Fernández, de Albatera, empezó la Nit del Foc. Pocos minutos después, en la plaza del Ayuntamiento, la Bellea del Foc, Inés Quesada, acompañada por el alcalde Alperi encendió la traca luminosa que culminaba en la hoguera oficial para quemarla.
Muy emocionada vio cómo la traca avanzada hacia el monumento obra de Fran Esplá, cuyo lema era Alicante es mar . Una vez que las llamas se apoderaron del monumento tanto Eva Quesada como la Bellea del Foc infantil, Pilar Alcaut, no pudieron contener sus lágrimas. El alcalde las consolaba. Era un sentimiento extraño, mezcla de alegría y tristeza. Alegría porque la nit de la cremà es la culminación de la fiesta. Las obras de arte llenas de sátira, crítica y mucho humor fueron pasto del fuego y tristeza, porque el mismo acto en sí significa el final de la fiesta.
A continuación, durante las cuatro horas siguientes se quemaron los 177 monumentos restantes. Una de las cremàs que más expectación levantó fue la del distrito de Florida Portazgo, ganador del primer premio de Especiales, obra de Vicente Martínez Aparici, cuyo título era El naiximent d’una ciutat. También era una muy esperada la cremà de la hoguera de Gran Vía-La Cerámica, obra de los hermanos Fonseca.
Protocolo de seguridad
Un año más, el protocolo de seguridad para la quema de los monumentos siguió un orden establecido hace varios meses que dispone un trabajo circular de dentro hacia afuera de la ciudad. Los 160 bomberos del Servicio de Prevención y Extinción de Incendios (SPEIS) de Alicante empezaron el trabajo de control de la quema de las hogueras desde el centro de hacia el extrarradio para hacer más ordenada su labor.
Los bomberos tenían calculado, según su experiencia de los últimos años, que hacia las cuatro y media de la madrugada todas los monumentos estarían apagados. A partir de entonces entraron en acción los servicios de limpieza para que al amanecer las calles hubieran vuelto a la normalidad. Hoy es el primer día laboral después de un fin de semana repleto de actos festivos.
Como es habitual en los últimos años, la labor de los bomberos alicantinos contó con el respaldo de sus compañeros del Consorcio Provincial, dependiente de la Diputación para hacer más efectiva y rápida la labor de extinción del fuego de las 178 hogueras.
Además, el trabajo de los bomberos se complementó con la labor preventiva de seguridad y ordenación del tráfico en la que participaron nada menos que 1.300 efectivos del Cuerpo Nacional de Policía, incluidas las unidades de la Reserva General. Las previsiones de los responsables del Ayuntamiento y de la Subdelegación del Gobierno cifraban en un millón de personas las que se concentraron en las calles de la ciudad para no perderse la cremà.
Con ellos, 400 cuatro agentes de la Policía Local se encargaron del control del tránsito rodado. La noche más importante del año para la ciudad de Alicante, porque se queman 178 repartidos por toda la ciudad, la mayoría de ellos, a escasos metros de viviendas, obligó a este espectacular despliegue. Pero tanto la Federación de Fogueres como el Ayuntamiento y la Subdelegación del Gobierno querían la fiesta estuviera unida a la seguridad.
Los dispositivos de bomberos prepararon en las hogueras más grandes un dispositivo de lonas para que, a la hora de arder los monumentos, el fuego no afectara a ninguna vivienda. Fiesta sí, pero unida a la seguridad.
Popular banyà
Con el fuego llegó el agua. Un millón de personas pudo observar la cremà de las hogueras pero también el esfuerzo de las bomberos por evitar que las llamas provocaron cualquier suceso. Los diferentes equipos de extinción estaban desplegados por toda la ciudad.
Desde hace unos años, la cremà viene ligada a la banyà, un término que se acuñó a principios de los años ochenta. Las pandillas de jóvenes que se agolpan detrás de los cordones de seguridad y soportan altísimas temperaturas reclaman a los bomberos que les refresquen con sus mangueras.
Esta costumbre no estaba permitida en un principio. Hace veinte años, el alcalde José Luis Lassaletta la veía con desagrado y daba órdenes estrictas a los bomberos para que no se materializara. Esto provocaba que muchos espectadores insultaran a los bomberos para Por contra, en la hoguera de Campoamor, que dependía de la Diputación, su eterno rival político, Antonio Fernández Valenzuela, presidente de la Corporación Provincial, sí que la permitía. Finalmente la voluntad popular pudo más que la del alcalde y con los años la banyà se generalizó. En la actualidad, como anoche se pudo comprobar, es prácticamente imposible disociar la cremà de la banyà, sobre todo en las hogueras que concentran mayor público, como es el monumento oficial en la plaza del Ayuntamiento.
Los bomberos y los servicios de seguridad tenían previsto que el operativo concluyera hacia las cuatro y media de la madrugada. A continuación entraron en acción los servicios municipales de limpieza, a través de Inusa, la empresa concesionaria. A su vez, estaba previsto la retirada de las barras, sillas y mesas y toda la infraestructuras de los centenares de racós y barracas para que a primera hora de la mañana, las calles recuperaran la normalidad con el fin de la fiesta.