
En el cementerio de Alicante, como en el de toda la provincia, miles de tumbas inundan las calles del camposanto. Como una pequeña ciudad, cada uno tiene su rincón de descanso que es adornado por sus familiares para seguir en el recuerdo.
"Adiós Begoña mía ¿por qué te fuiste? Te marchaste de esta vida sin despedirte. Veo tus ojos, aquellos que me miraban. Algo tenías en ellos que me enamoraban". Esta es una de las frases dedicada a una joven de tan sólo 28 años en la calle de San Eduardo del cementerio Nuestra Señora Virgen del Remedio. Unas calles más abajo, una sepultura recoge un pentagrama en su escritura dedicado al que pudo ser un aficionado a la música.
"El 15 de abril siempre será igual para mi. Fue tanto nuestro querer que nunca te olvidaré". Oraciones como ésta hacen pensar en el dolor que le pérdida de un ser querido puede causar a sus familiares.
Ningún epitafio es igual a otro ni ninguna lápida es similar a las de su alrededor. Escudos que representen el trabajo o símbolos como un as de picas muestran en las tumbas una característica de los que allí yacen. Sin embargo, los símbolos religiosos nunca abandonan las sepulturas. Altares y representaciones de vírgenes y santos inundas las calles sin olvidar las cruces acompañadas de flores.
Cristianos conviven en el cementerio con judíos o masones, a los que dibujaron sus símbolos en las lápidas. "14 de poder del 128 (AB)" es lo que aparece en una tumba debajo de un dibujo religioso.
"No hay paisaje más hermoso para mis recuerdos que tu presencia en mi pensamiento" o "soy la hormiga que no le importa morir en el camino, no me pesa, es mente la que manda", son también poesías que decoran las tumbas del cementerio de Alicante.
Siempre con visitas
Entre los miles de tumbas del campo santo hay una que todos los años recibe la visita de las personas que acuden a ver a sus familiares. Nunca faltan flores en la tumba de Pedro Herrero, médico que atendía a los necesitados y situada en la calle de Nuestra Señora de los Ángeles, o la del poeta Miguel Hernández.
En la del escritor un buzón adorna el jardín de su alrededor donde se lee "aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré".
Los familiares acuden en llevar a sus parientes flores para que sigan en su recuerdo. Algunos de ellos sólo visitan el cementerio en la festividad de Todos los Santos, pero es una forma de dar cariño a los que ya no están. Como rezaba una de las lápidas "sólo morimos cuando nos olvidan".







