Las Provincias

Madrid, 18 jul (EFE).- No es letal y no tiene nada que ver con el anisakis pero la ciguatera, intoxicación alimentaria causada por la ingesta de pescado contaminado con toxinas de algas microscópicas, es un "riesgo emergente" en Canarias y "posiblemente" el Mediterráneo, ha advertido a Efe el oceanógrafo Francisco Rodríguez.

Considerada como "típicamente tropical", la ciguatera es causada por el consumo de peces contaminados por ciguatoxinas, unos tóxicos generados por dinoflagelados bentónicos -un tipo de algas unicelulares- del género 'Gambierdiscus', de acuerdo con la información facilitada por el Proyecto Cican del Instituto Español de Oceanografía (IEO) en el que ha trabajado Rodríguez.

Este estudio, que duró casi tres años hasta diciembre de 2016, se desarrolló a partir de la toma de muestras de 'Gambierdiscus' que "crece sobre macroalgas y sedimentos, pues es característico de zonas de arrecife", ha precisado el experto.

A pesar de que no existen trabajos científicos que demuestren la procedencia y la transmisión de esta enfermedad en Canarias, algunos informes técnicos mencionan especies que han podido actuar como vectores potenciales de transmisión por sus hábitos alimenticios.

De esta forma, tanto herbívoros como omnívoros podrían ingerir las toxinas y transmitirlas a sus depredadores: medregales o peces limón, meros, abades, bicudas o petos, entre otros.

La toxina no desaparece al congelar el pescado ni al cocinarlo por muy elevada que sea la temperatura, no se ve a simple vista, no tiene olor ni sabor y la única forma de certificar su presencia es un análisis de laboratorio.

No obstante, se nota al producir una intoxicación que cursa con "síntomas similares a los de una gastroenteritis, por lo que puede que muchos casos de ciguatoxina no se hayan reconocido como tal", ha reconocido Rodríguez, quien recuerda que en un principio se confundió también con anisakis.

El diagnóstico se asocia "con un síntoma neurológico como una sensación de frío o calor y la pérdida de sensibilidad en las extremidades, así como otros como diarrea, vómitos e hipotensión" tras ingerir el pescado intoxicado aunque se ha descrito algunos casos de transmisión "de persona a persona" a través de leche materna.

Según los datos de Cican, el primer caso registrado en España fue en 2004 por consumo de medregal, en 2008 hubo un nuevo episodio y, a partir de entonces, todos los años hasta 2013 cuando intoxicó a 10 personas a través del consumo de mero.

En total, el Servicio Canario de Salud registró 108 casos de intoxicación desde 2008 hasta 2016 y la mayoría se produjo "por compras de pescado en los mercados locales y por pesca deportiva".

Aunque se desconoce su distribución temporal y espacial en todo el archipiélago, así como el vector responsable de la primera transmisión, está documentada ya la presencia de ciguatera en Tenerife, La Palma, La Gomera y Gran Canaria.

En los últimos días, el grupo parlamentario del PSOE ha presentado en el Congreso de los Diputados una proposición no de ley que insta al Gobierno a incrementar los recursos humanos y materiales del Instituto Español de Oceanografía dedicados específicamente a la investigación de estas microalgas tóxicas.

Según ha declarado a Efe el portavoz socialista de Pesca en la Comisión de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, Miguel Ángel Heredia, esta toxina "no supone tanto un problema desde el punto de vista de la salud pública, como un trastorno para los pescadores y el sector turístico".

Rodríguez ha puntualizado que, aunque "apenas cuenta con un 0,1 % de posibilidades de producir la muerte a una persona", los estudios muestran que "no existe una terapia eficaz basada en medicamentos de distribución comercial o vacunas", lo que convierte la ciguatera en una amenaza para la salud, la pesca e incluso la imagen del sector turístico.