Las Provincias

(Corrige el noveno párrafo de la mu4011)

Cartagena, 1 dic (EFE).- La apertura de nuevos canales entre el Mar Menor y el Mediterráneo agravaría la proliferación de fitoplancton en las aguas de la laguna y disminuiría la salinidad de sus aguas permitiendo la proliferación de nuevas especies, según ha explicado la profesora de la Universidad de Alicante Francisca Giménez Casalduero.

La experta, miembro de la plataforma Pacto por el Mar Menor, ha alertado de que esa propuesta de ampliar o abrir más canales que comuniquen ambos mares con el objetivo de renovar las aguas de la laguna salada no serán una solución a su situación de degeneración, sino más bien al contrario, perjudicarán aún más su ecosistema.

Según ha advertido en un comunicado, la renovación del agua del Mar Menor con ese sistema no sería inmediato, sino que habría zonas "de remanso que probablemente quedarían sin sustituir durante años".

Además, lejos de reducir los niveles actuales de fitoplancton, ha destacado, la renovación y oxigenación de la laguna haría proliferar aún más esa especie de algas microscópicas, que crecen de manera exponencial adaptándose a determinadas condiciones de luz, oxígeno y nutrientes y ese crecimiento no se paraliza mientras haya una renovación de esos elementos.

Con la entrada de nueva agua a la laguna, se renovarían esos elementos permitiendo a las microalgas continuar con su proliferación, ha explicado la doctora.

Además, Giménez Casalduero ha recordado que una de las características del Mar Menor es su alta salinidad, que bajaría al recibir aportes del Mediterráneo.

Esa salinidad elevada funciona como barrera natural para impedir la supervivencia de determinadas especies, que podrían proliferar si la salinidad baja, apareciendo por ejemplo de forma masiva medusas altamente urticantes como la "pelagia noctiluca" o la "olindia sp".

"En resumen, la apertura de nuevos canales de comunicación con el Mediterráneo provocaría una pérdida de identidad, de biodiversidad, de calidad del estado ecosistémico y un aumento de la probabilidad de crecimiento masiva de especies dañinas", ha alertado la experta.

Asimismo, ha explicado que la entrada en el Mediterráneo de las aguas del Mar Menor también tendría efectos negativos, provocando daños en las praderas posidonias a la vez que "la degradación de los ecosistemas marinos colindantes está asegurada, así como la pérdida de calidad ambiental de un área emblemática para el turismo regional".

En su opinión, es necesario afrontar el problema del Mar Menor "desde la raíz, reconducir las actividades que están generando las presiones ambientales, potenciando una agricultura sostenible y llevando a cabo actuaciones de reabsorción de nutrientes desde una planificación integral en toda la cuenca y gestión de todas las posibles fuentes de contaminación".

Más tarde, tras el cese de entradas de nutrientes, es en su opinión cuando se deben plantear "actuaciones dirigidas a restituir los servicios ecosistémicos desde un enfoque de restauración ecológica, basada en la comprensión de los procesos ecológicos".

"La solución no puede ser el traslado del problema a los ecosistemas mediterráneos tras destruir los lagunares", ha concluido.