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El racismo no sabe de colores

El racismo no sabe de colores

El cómico francés Dieudonné levanta ampollas con sus chistes antisemitas. Y muchos se preguntan: ¿Cómo? ¿Un negro islamista es amigo de Le Pen?

21.01.14 - 01:20 -
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El racismo no sabe de colores
El franco-camerunés Dieudonné M'Bala, en una conferencia de prensa en París, hace unos días. :: ian langsdon / efe

El simple acto de extrañarse ante el hecho de que un negro pueda ser racista ya es racista. La respuesta es tan simple que parece un chiste: los negros pueden ser racistas porque todos los seres humanos son iguales. En los cines se proyecta estos días la película '12 años de esclavitud', de Steve McQueen. La gente suele decir que se nota que está rodada por un negro por las pocas concesiones que hace a los blancos, si es que es posible hacer alguna... Recuerda la infame etapa de la esclavitud en Estados Unidos. Quizá la extrañeza provenga de aquí: ¿Cómo es posible que a Dieudonné, cómico francés negro e islamista, se le haya olvidado todo el dolor padecido por gente de su mismo color por culpa de algo (el racismo) con lo que él saca dinero haciendo mofa y befa?

Sus chistes antisemitas, que a algunos hacen gracia y daño a muchos otros (se estima que en Francia residen medio millón de judíos) son revisados día sí y día también por las autoridades de su país para decidir si hay que prohibirlos o permitirlos, por la libertad de expresión y para no darle más publicidad a este hombre de padre camerunés que hizo padrino de su hijo ¡al ultraderechista Jean-Marie Le Pen! (contrario a admitir inmigración de fuera de Europa en Francia). Un par de ejemplos: Dieudonné insultó a un periodista judío en uno de sus shows afirmando que le venían a la mente «las cámaras de gas de los nazis». Y suelta cosas como: «Lástima que no acabaran con todos».

La Historia ha demostrado que el que un pueblo o raza haya sufrido en propia carne persecución por este odio al diferente no quiere decir que esté vacunado contra brotes racistas o xenófobos. Otra de las cuestiones más repetidas, y tampoco hay que ser antisemita, se refiere precisamente a los judíos de los que Dieudonné echa pestes. ¿Cómo, habiendo sido víctimas de algo tan horrible como el Holocausto, pueden perseguir ahora al pueblo palestino de esa manera? Esta es la pregunta que siempre le plantean a Dalia Levinsohn, nacida en Israel en 1948 y venida a España con 10 años.

Esta abogada jubilada ha sido secretaria general de la Federación de Comunidades Judías de España, además de representar al judaísmo de nuestro país en Europa y en el Congreso Sionista Mundial. Vamos, toda una vida intentando explicar lo que significa ser judío, algo que sigue haciendo en las múltiples charlas que imparte. «Primero se sorprenden, luego dicen: 'los judíos, qué gente más buena' y 'qué inteligentes'. Después hacen referencia al dinero que 'tenemos', y por último siempre acaban preguntando cómo, después de lo que sufrimos, podemos estar haciendo lo mismo con los palestinos. De verdad que... Aparte de que en Israel hay opiniones a favor y en contra de la política que se lleva en este sentido, nadie de fuera entiende el problema de seguridad que tenemos, nadie habla de la gente detenida en la frontera con cinturones de explosivos y de que te tienes que sentar a dialogar con alguien que solo piensa en borrarte del mapa».

Quizá la cuesión palestino-israelí sea demasiado compleja para tratarla aquí. Sin embargo, dentro de Israel hay denuncias por la discriminación que estarían sufriendo los judíos negros; se trata de los etíopes, a los que llaman 'falashas' (extranjeros), que llegaron en los 80 dentro de la Operación Moisés, que quería acercar a todos aquellos que demostraran ser judíos. Son más de 100.000 y las críticas se centran en que ocupan los puestos más duros (también en el Ejército), viven en los peores barrios... Mujeres etíopes denunciaron recientemente que se les inyectó sin su consentimiento un compuesto para convertirlas en estériles, dentro de lo que podría ser una campaña para controlar la fertilidad de este grupo, que ha experimentado una bajada de más del 20% en su natalidad, según distintas ONG.

«Yo no tengo idea de esto -contesta Levinsohn-, pero si es verdad es terrible. En Israel también hay cosas que se salen de lo normal, como en cualquier sitio. Por encima de todo, de ser judío, etíope, palestino, está el hecho de que somos personas, seres humanos con sus virtudes y defectos. Y somos gregarios, eso de pertenecer a un grupo y odiar al de enfrente».

Por todo el planeta

Así las cosas, un canon ridículo se reproduce por todo el planeta. Pocos se libran. Siempre hay alguien a quien discriminar: judíos blancos contra judíos negros; negros islamistas antisemitas amigos de racistas como Le Pen que niegan el Holocausto vivido en Alemania; alemanes como el escritor y político Thilo Sarrazin, que sostiene que los inmigrantes musulmanes son menos inteligentes, pero tienen más hijos y esto llevará al país a la destrucción; locales en Japón donde solo se permite la entrada a los nipones; el rechazo a los musulmanes que se extiende por todo el planeta desde los atentados del 11-S; españoles que en su día marcharon a trabajar a Alemania y que hoy no quieren ni ver a los africanos, tampoco a gitanos...

«No se puede hablar de qué naciones o pueblos son los más xenófobos, hay que hablar de individuos. Sería como si dijéramos el país más borracho, el más adúltero...», sostiene Tomás Calvo Buezas (Tornavacas, Cáceres, 1936), uno de los mayores expertos europeos sobre racismo. Es catedrático emérito de Antropología Social en la Universidad Complutense y presidente fundador del Centro de Estudios sobre Migraciones y Racismo (Cemira). Además fue el representante español en la Comisión Europea de la lucha contra el Racismo (1996-2002). Destaca que, en el fondo de todo, encontramos el dinero, el poder económico: «Si eres Obama y gobiernas EE UU da igual que seas negro, aunque muchos te odien por ello. En la base de todo está la clase económica a la que uno pertenece. Y ahí se van añadiendo sobrediscriminaciones por la raza, el sexo, la religión...».

Es como un juego en el que hay que ir añadiendo y ordenando. Por ejemplo, lo primero que determina la discriminación es ser pobre. La cosa se agravaría luego si vamos añadiendo color negro, mujer, musulmana, vieja... Hay variaciones dependiendo de las zonas del planeta. Calvo Buezas: «Las mayorías discriminan a las minorías en todas partes, en un país de blancos son racistas con los negros y en uno de negros, con los blancos; los negros pueden ser igual de racistas que nosotros. Y los pobres son más racistas que los ricos porque tienen que competir por el puesto de trabajo, la comida, los servicios... El racismo existe en todas las sociedades. En principio, todos somos iguales, pero los que tienen el poder imponen sus criterios».

Humor peligroso

Volviendo al cómico francés, el rechazo de los negros islamistas hacia los judíos no es nada nuevo. El conflicto de larga duración con los palestinos y la alineación de las naciones de mayoría musulmana con estos permanece latente en el último medio siglo. Así que lo de Dieudonné puede ser dañino, pero no original. Dalia Levinsohn alerta del peligro que supone este tipo de gente: «Cuando leí sobre él, pensé que ya no aguanto más persecución, más antisemitismo. Y pienso en cómo empezó todo (el Holocausto). Al final creo que los judíos estamos estigmatizados para siempre, marcados para ser perseguidos. Cuando se necesita un culpable, ahí están los judíos. Y ya basta de decir, 'con lo que sufrieron los judíos', porque con eso parece que Israel no puede hacer nada». Considera que si están pensando en prohibir las actuaciones de este hombre y que si sigue siendo necesario dictar leyes contra el antisemitismo y el racismo «es porque el problema es real. Hasta yo, cuando empezaron las intifadas, me he callado que era judía, y me ha dado rabia porque en el fondo había miedo».

Calvo Buezas reconoce que el antisemitismo es una lacra en la cultura europea. «Los judíos mataron a Jesús, se dice, es como una larva, durmiendo y esperando a reavivarse. Además, tienen poder y dinero, así que también hay envidia que se convierte en odio. Son la raza maldita. En todas las universidades europeas se enseñaba la teoría de la superioridad racial, Hitler solo la llevó al extremo. Ahora los judíos han pasado de víctimas a verdugos por el conflicto con los palestinos, que no ha hecho más que avivar el fuego antisemita que existe desde siempre». El experto cree que los antisemitas franceses «están ahora diciendo en las tabernas: 'Jo, si hasta un negro piensa como nosotros'». Y advierte de la peligrosidad de los chistes, «porque el humor es más peligroso que el típico discurso racista, cala más, es miel que endulza la hiel». Aunque el mejor chiste es sin duda que Dieudonné sea amigo de Le Pen. Calvo Buezas defiende la educación en la familia y la escuela para luchar contra esta lacra: «Todo es accidental, ser musulman, español, mujer, negro... Son máscaras que hay que quitarse, y debajo queda la capacidad de amar, de sentir y comunicarse».

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