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La triste historia de una heroína

La triste historia de una heroína

Es nigeriana y tiene una niña de 3 años. España da asilo por primera vez a una joven captada por una red de trata de blancas, que durante dos años fue violada, prostituida y obligada a abortar

24.10.13 - 01:03 -
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Ella no va hablar y tampoco vamos a dar datos personales que puedan revelar su identidad. Ni puede ni quiere exponerse. Su protección es fundamental». La advertencia llega del otro lado de la línea telefónica: la portavoz de la delegación española del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) no puede ser más elocuente. 'Ella' es la primera víctima de una red de explotación sexual que consigue asilo en nuestro país y estos días escribe un final feliz para su dramática historia de supervivencia.

Bayo -un nombre nigeriano ficticio para referirnos a 'ella', que significa 'encontrar alegría'- podría ser una de las protagonistas de 'Los príncipes nubios', la novela de Juan Bonilla sobre la descarnada realidad de las esclavas sexuales del siglo XXI. Pero la historia de esta nigeriana, joven y huérfana, es desgraciadamente real. Llegó hace tres años a las costas andaluzas a bordo de una patera y embarazada de una niña. Los voluntarios de la Cruz Roja que la atendieron, junto a casi diez mujeres, hombres y niños al borde de la deshidratación, siguieron el protocolo habitual y la llevaron a un centro de acogida, donde pudo calentarse, comer algo decente por primera vez en meses y acostarse en un sencillo catre. Pero Bayo no lograba tranquilizarse. La pesadilla no había terminado. Ni rastro del sueño español.

A las pocas horas, los mismos hombres que la habían captado en su pueblo de Nigeria con la ayuda de un familiar y que la sacaron de allí junto a 70 vecinos más, la localizaron en las instalaciones de la Cruz Roja donde la joven trataba de recuperarse de una travesía a vida o muerte. Esos individuos la buscaban para seguir explotándola. Eran los traficantes de personas que le prometieron el paraíso de occidente y que, en realidad, la montaron en una barcaza hacia el infierno. El viaje desde Nigeria a España puede durar dos días, pero en este caso fueron dos años. Nuestra protagonista hizo el trayecto acompañada por varias mujeres, con paradas sin fonda en las cuevas más oscuras de la sinrazón humana. «Amenazas contra sus familias, vejaciones y humillaciones, explotación laboral y agresiones físicas y sexuales continuadas. Los miembros de esas mafias pretenden que sus víctimas pierdan toda su dignidad. En esos dos años, quedó embarazada en varias ocasiones y en dos de ellas la obligaron a abortar con medios muy peligrosos», relata Rosa Flores, responsable del Servicio de Protección a Víctimas de Trata de la Cruz Roja que ha seguido -y apoyado- la historia «de esta heroína» desde los primeros momentos. «Ella siempre ha dicho que esta experiencia ha sido lo peor de su vida».

Es muy frecuente que los proxenetas «violen a su antojo a sus víctimas para dejarlas embarazadas y contagiarles enfermedades porque así son más fáciles de 'pasar' en las fronteras», ilustra María Jesús Vega, portavoz de Acnur en España. Auténticos 'trapos humanos' a los que después se les exige, además, el pago de una elevada deuda. A Bayo le pidieron 20.000 euros. Una cantidad que debía devolver vendiendo su cuerpo. Una madame la llamó para fijar el día en el que cambiaría la ropa de inmigrante ilegal por la de prostituta. Pero esta joven nigeriana dijo basta. Pidió ayuda, se rebeló contra su destino -el que hace desaparecer del mapa a otras muchas mujeres en su situación- y se enfrentó a sus miedos y, de paso, a la despiadada banda de delincuentes que seguía persiguiéndola, amenazándola y obligándola a cambiar de centro de acogida con relativa frecuencia para escapar. «Esa decisión fue como un milagro. Demostró un valor extraordinario», opina Flores.

Asilo para dos

En aquellos días, el embarazo con el que la mujer puso el pie en España llegó a buen puerto. Sin las injerencias, los intereses, ni las herramientas para abortar de los traficantes de personas en los que un día confió, Bayo trajo al mundo a una preciosa niña. Era el momento de pedir asilo para ambas. En marzo de 2010, Acnur ya recomendaba al Ministerio del Interior concederle este estatus. El Alto Comisionado explicaba entonces que «si bien no todas las víctimas de trata reúnen los requisitos para obtener el asilo, sí puede haber casos en los que la persona esté necesitada de protección internacional y deba recibir el estatus de refugiada». Casos como el de Bayo, por ejemplo, perseguida por la red contra la que decidió luchar -en su día colaboró con la Policía para su desmantelación- «y que no pueden volver a su país porque allí son verdaderos proscritos incluso en su familia; países en los que su cabeza tiene precio por el hecho de haber ejercido la prostitución», subraya Vega.

Tras valorar la excepcional situación de riesgo, los técnicos de la Cruz Roja elaboraron sus propios informes para reclamar esa protección especial, que también fueron refrendados por Acnur y otras organizaciones como la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Hasta que, varios años después de aquellos primeros intentos, la Oficina de Asilo y Refugio del Ministerio del Interior -con la que este periódico ha intentado contactar sin éxito- le ha concedido a Bayo «una enorme tranquilidad», define Vega, «en forma de documento de asilo».

Trabajo y residencia

La concesión del asilo evita, de forma automática, la expulsión «hacia su país de origen o al país de tránsito, en el que lo más probable es que la devuelvan al punto de partida». Además, obtiene al instante el permiso de trabajo y de residencia. Dependiendo del estudio «pormenorizado» que se realiza de cada caso, los refugiados tienen derecho a un alojamiento en centros de acogida -como el que disfruta Bayo-, a una ayuda económica para alojamiento y manutención y a ser beneficiarios de los servicios sociales, educativos y sanitarios prestados por las administraciones públicas y las ONG, según consta en la carta de derechos y deberes de los refugiados de Acnur. Incluso pueden solicitar la nacionalidad española. Bayo no la necesita, de momento. Para su adaptación y su recuperación emocional fue mucho más apremiante recibir atención psicológica, ayuda material para su pequeña de 3 años y formación para la búsqueda de empleo. «Algo que no será fácil tampoco para ella teniendo en cuenta la situación del mercado laboral de este país».

Aunque María Jesús Vega reconoce que este primer caso de asilo para la víctima de una red de trata de blancas puede provocar un «efecto llamada temido por las instituciones públicas», lo cierto es que «las 100 o 150 solicitudes que se presentan todos los meses se estudian concienzudamente y no todas las víctimas de explotación sexual necesitan la condición de refugiada. Eso sí, a las cuatro, diez o cuarenta personas que lo necesiten, se les debe conceder», insiste la portavoz de Acnur.

Este «paso importantísimo» nos sitúa al mismo nivel de países como Francia, Reino Unido, Finlandia o Chipre, que ya daban refugio a estas mujeres. La legislación española sobre asilo y refugio incluye desde 2009 la cuestión de género, un extremo «muy positivo» que ahora permite a Bayo pasear por la calle, tomarse tranquilamente un café mientras exhibe con una gran sonrisa lo «contenta» que está y seguir fabricando proyectos para su nueva vida. «Ya no es una mercancía. Ahora vuelve a ser persona».

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