
Corea del Norte tiene fama de ser el país más cerrado del mundo, pero en realidad sus puertas solo están entornadas: entre 2.000 y 3.000 turistas extranjeros visitan cada año la República Popular Democrática, pastoreados por guías oficiales que les descubren las maravillas de esta «poderosa y próspera gran nación». Por ese resquicio, que se suponía muy controlado, se les coló el mes pasado un equipo de tres profesionales de la BBC, con su equipo de filmación y todo. Como los periodistas no son bienvenidos en los dominios de Kim Jong-Un, los intrusos británicos acudieron camuflados como parte de un grupo de estudiantes de la prestigiosa London School Of Economics (LSE) y, una vez allí, se dedicaron a grabar con cámara oculta un documental que se ha emitido este lunes. A las autoridades norcoreanas no les ha hecho mucha gracia el subterfugio, pero donde ha causado auténtica indignación la maniobra es en el Reino Unido, ya que, según algunas denuncias, los jóvenes que integraban la expedición no tenían ni idea de los peligros que estaban asumiendo.
Los ingleses debaten estos días hasta qué punto el proceder de la cadena pública ha sido censurable. «Todos los estudiantes eran conscientes del lugar al que iban, que no era Torremolinos. Mantenemos que todos los estudiantes conocían los riesgos», ha declarado John Sweeney, el popular periodista de investigación que dirige y presenta el documental. Sweeney es un hombre resuelto a la hora de traspasar fronteras, que hace once años ya se escondió en el maletero de un coche para entrar sin permiso en Zimbabue. En el caso de Corea del Norte, el viaje lo organizó directamente su esposa, Tomiko Newson, licenciada por la LSE y colaboradora ocasional de la cadena pública británica, que después reclutó a los participantes a través del Club Grimshaw, una sociedad estudiantil centrada en las relaciones internacionales. Se trataba de diez jóvenes de entre 18 y 28 años, a los que se sumaron el matrimonio -Sweeney se hizo pasar por profesor de Historia- y un cámara.
La BBC admite que a los estudiantes se les fue dosificando la información: primero se les dijo simplemente que se les iba a sumar un periodista de tapadillo, para descubrirles en Pekín el alcance de la operación. En cualquier caso, según la cadena, siempre supieron que se exponían a un disgusto serio si se descubría la argucia. «Los únicos a los que hemos engañado son los gobernantes norcoreanos», ha resumido el director de programas de BBC Noticias. Pero estas explicaciones han dejado insatisfecha a demasiada gente. Tres estudiantes han pedido que se pixele su imagen en la filmación. Un padre se ha quejado de que su hijo no supo nada sobre la presencia de periodistas hasta que pagó los 2.300 euros del viaje. En la Universidad cunde el mosqueo por la utilización interesada y engañosa de su nombre: «Toda la iniciativa, de principio a fin, ha sido temeraria e irresponsable, además de profundamente deshonesta», ha resumido el director. El sindicato de estudiantes de la LSE ha acusado a la BBC de «utilizar a los alumnos esencialmente como un escudo humano». Dos venerables instituciones, la Royal Society y la British Academy, se han quejado del daño a «la credibilidad y la seguridad de los académicos británicos que trabajan en circunstancias muy delicadas». Y esto es solo una pequeña muestra del revuelo.
Francos y honestos
¿Y qué hay de los norcoreanos? Según el 'Daily Mail', han enviado «amenazas» por correo electrónico a algunos de los universitarios, aunque el nivel no parece a tono con las bravatas de Kim Jong-Un, ese hombre que parece sentir la urgencia física de disparar misiles. «Me reservo el derecho a publicar todos vuestros datos personales, incluyendo vuestros pasaportes, para demostrar que nosotros hemos sido francos y honestos, mientras que vosotros habéis violado la ley de la República Popular Democrática de Corea», se limita a decir el funcionario que ha remitido el 'mail'. La controversia llega cuando todavía no se han disipado los escándalos más recientes de la BBC, entre los que destacan los múltiples abusos sexuales del presentador Jimmy Savile y la falsa implicación de un extesorero del partido conservador en un caso de pedofilia. Un productor de 'Panorama', el veterano espacio que programó anteayer 'North Korea Undercover', tuvo que dimitir hace un par de semanas, acusado de ofrecer sobornos a cambio de información.
Lo más curioso es que, seguramente, el documental de Sweeney no era para tanto. Los periodistas grabaron con cámara oculta lo que las autoridades norcoreanas les quisieron enseñar, porque al fin y al cabo la excursión estaba autorizada y el itinerario era cualquier cosa menos libre. Otra cosa es que, en un país como este, hasta la versión oficial acabe resultando reveladora. En las imágenes abundan los vastos espacios desiertos tan propios del totalitarismo norcoreano: carreteras de varios carriles por las que apenas circulan coches, colosales escalinatas vacías rematadas por la estatua de alguno de los Kim, comedores de lujo soviético en los que Sweeney desayuna solo... Entre cortes de luz, el grupo va recorriendo durante una semana la escenografía de la supuesta pujanza nacional, repleta de carteles de propaganda y detalles absurdos. Las chimeneas de los grandes centros de producción no humean. En la factoría de embotellado no se está embotellando nada. La granja estatal carece de campos de cultivo. En el hospital, con capacidad para 1.300 pacientes pero sin una calefacción decente, no se ve a un solo enfermo: «La mayoría de los pacientes vienen a ser tratados por la mañana», sale del apuro una de las trabajadoras del centro.
Alambrada en el hotel
«Nuestros guías están ansiosos por evitar que capturemos la pobreza», explica John Sweeney. En el documental se escuchan de fondo sus frenéticas órdenes de 'no photos', pero, mientras el autobús atraviesa los barrios, la cámara sigue en marcha y capta a personas que parecen estar buscando raíces para comer. Las imágenes de la vida en la calle parecen de otra época más atrasada, como de archivo. En una ocasión, el periodista trata de alejarse subrepticiamente de su hotel y se topa con una alambrada que le cierra el paso, mientras que en la visita a la biblioteca central pide el sombrío '1984' de George Orwell, con sus visiones de totalitarismo y lavado de cerebro, y acaba hojeando un libro sobre nutrición, que es lo que le pueden ofrecer en inglés. Pero, más allá de estas travesuras, no se puede decir que 'North Korea Undercover' descubra nada nuevo sobre el país. De hecho, tiene que recurrir al metraje de otras fuentes para mostrar la hambruna o los gulags. La polémica, eso sí, ha servido de publicidad inmejorable: 'Panorama' obtuvo el lunes un 'share' superior al 20%, cuando lo habitual es que ronde el 12.
También se asoma al documental, por supuesto, el clima prebélico y gritón de estas últimas semanas. A un coronel destinado en la zona desmilitarizada, la franja que separa las dos Coreas, Sweeney le pregunta por la posibilidad de que la guerra anunciada pille al grupo dentro del país: «No te preocupes por eso», responde el militar con una sonrisa, mientras da al supuesto profesor de historia una palmada en la espalda. A lo mejor, en un país con poco sentido del humor, ese coronel conciliador y amistoso acaba siendo el más perjudicado por el truquito de la BBC.





