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Lengua viva

Varias ciudades españolas cuentan con círculos donde se habla la lengua de Roma

19.02.13 - 02:25 -
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medida que el Papa hablaba, a Giovanna Chirri empezaron a temblarle las rodillas. En la sala había un centenar de religiosos y cinco periodistas más –otro italiano, dos franceses, un mexicano y un japonés–, convocados para tratar sobre la canonización de los ochocientos mártires de Otranto y de dos beatas hispanoamericanas. Entre los representantes de los medios, Giovanna era la única que estaba entendiendo lo que decía Benedicto XVI, esa esmerada argumentación en latín que condujo a la palabra clave, ‘renuntiare’; los demás escuchaban con respeto, que para eso estaban en el Vaticano, pero para ellos el Papa lo mismo habría podido estar explicando una receta de cocina. La reportera que sabía latín dio la primicia al mundo y, encima, se quitó importancia: «El latín del Papa es muy fácil de entender», escribió Giovanna en Twitter, donde se describe como «vaticanista pasada de moda».

«Es una revancha de la cultura en la formación de los periodistas», ha comentado su jefe, el director de la agencia Ansa. Y, en cierto modo, es también una revancha del latín: una lengua a la que muchos cuelgan la coletilla de ‘muerta’ ha transmitido una importante exclusiva en pleno siglo XXI, así que algo viva ha de estar. Desde luego, se sigue usando en el Vaticano, aunque los más tradicionales se quejan de que el italiano le come mucho terreno y de que los curas jóvenes ya no lo aprenden como es debido. En noviembre pasado empezó a funcionar la Pontificia Academia Latinitas, creada por Benedicto XVI para promover esta lengua «en el contexto de un decaimiento generalizado de los estudios humanísticos». Ha ocupado el lugar de la anterior fundación Latinitas, que entre otras tareas confeccionó el ‘Lexicon Recentis Latinitatis’, un diccionario con 15.000 neologismos. Resulta difícil resistirse a copiar un par de los más pintorescos, como ‘pastillum botello fartum’ (perrito caliente) o ‘immodica medicamenti stupefactivi iniectio’ (sobredosis).

Pero fuera del Vaticano también se habla latín. Por ejemplo, en España. Y no se trata de un ‘hablar’ teórico, referido solo al conocimiento de la lengua, sino que realmente se mantienen conversaciones en latín. Cádiz, Jerez, Madrid, León, Valladolid, Cuenca, Valencia, Sagunto, Barcelona, Figueras, Zaragoza o Las Palmas cuentan con círculos latinos, grupos de entusiastas que se reúnen para devolver al latín su condición de lengua viva, apta para dialogar sobre cualquier asunto, trivial o profundo. «¿No es el latín una lengua en la que se amaba, se creaba, se criticaba, se flirteaba, se trabajaba o se escribía? Riámonos con él, seamos serios con él, investiguemos y entendamos que es una lengua y que en ella podemos comunicarnos realmente. Decir ‘escáner’ o ‘televisión’ en latín es algo totalmente secundario», comenta Jorge Tárrega, de la Universidad de Valencia y del Circulus Latinus Valentinus. «Los hablantes de latín nunca han dejado de existir. La persona de la que yo he aprendido el latín lo había aprendido de otro, en una cadena constante que nunca se ha interrumpido», resume Pablo Villaoslada, del Circulus Latinus Matritensis. Pablo es la demostración de que este pequeño universo no está vedado a quienes no han estudiado Filología Clásica: él es un profesor de música a quien siempre le atrajo el latín, desde que en la infancia le fascinaba la palabra ‘álbum’, con esa eme final de evocación misteriosa. ¿Hasta qué punto lo ha llegado a dominar? «No soy Cicerón, pero puedo hablar con fluidez sobre cualquier tema: es una lengua más», dice, y lo demuestra con una buena parrafada. Por desgracia, su interlocutor no es precisamente Giovanna Chirri.

Aunque nos remita inevitablemente al Imperio Romano, el latín siguió utilizándose durante la Edad Media y el Renacimiento, y pervivió todavía más en la diplomacia y el ámbito académico. «Si entendemos como lengua viva la que está en uso, la utilizada por personas para comunicarse, el latín ha estado vivo siempre en la historia de Europa y lo sigue estando hoy, aunque cada vez en ámbitos más restringidos. Yo tengo amistades con las que solo he hablado en latín. Y, por supuesto, también he hecho el amor en latín más de una vez», apunta A. Gratius Avitus, nombre con el que es conocido un filólogo latino de Zaragoza asentado en el Reino Unido, donde fundó el Circulus Latinus Londiniensis. ¿Quién es capaz de comunicarse oralmente en latín en la España actual? «Cuando el latín se impartía a todos, cualquiera podía sentirse atraído por el uso vivo de la lengua. Entre las personas de mi edad, 44, o mayores hay latinoparlantes de todo tipo: conozco abogados, médicos, banqueros, arquitectos, ingenieros y otros profesionales con los que jamás he hablado otra cosa. Entre los más jóvenes, los latinoparlantes son principalmente latinistas», concluye Avitus.

El espacio menguante que ocupan las lenguas clásicas en el currículo es una preocupación general en estos colectivos. Actualmente, muy pocos alumnos eligen cursar latín en Secundaria, y su presencia en carreras no especializadas donde antes tenía peso, como Filología Hispánica o Historia, también ha ido a menos. En los últimos meses, el mundillo de las clásicas anda pendiente de la reforma del ministro Wert, que en su primer borrador prácticamente las arrasaba pero en el segundo moderó la masacre. A la vez, existe un movimiento cada vez más decidido hacia la renovación de la manera de enseñar latín, asimilándola a la empleada con las lenguas contemporáneas y resaltando su finalidad comunicativa. En la Comunidad Valenciana, Jorge Tárrega y algunos docentes de instituto imparten clases íntegramente en latín; en la Universidad de Cádiz, la profesora Sandra Ramos mantiene un blog en latín sobre temas diversos. Y, en Londres, Avitus ha fundado Schola Latina Universalis, que permite aprender la lengua a través de internet de manera gratuita: la mitad de los alumnos son españoles, pero también los tienen de lugares como Hong Kong, Bolivia o Rusia.

Latín en la radio

«Mucha gente pensaba que los de clásicas éramos ya fósiles, pero surgen alternativas en la enseñanza. Se está superando ese prejuicio de que el latín es gramática y traducir frases estúpidas», comenta Cristóbal Macías, de la Universidad de Málaga, donde ya se aplica un nuevo método en las clases. Cristóbal es, además, uno de los responsables del informativo semanal en latín de Radio Torcal, en Antequera, una «empresa de locos» que busca acercar a los oyentes a esta lengua mediante titulares sencillos en latín y comentarios sobre lengua y cultura clásicas. «No queremos que todo el mundo sea filólogo, pero sí que descubran que no solo hay un amasijo de declinaciones y conjugaciones, sino también una cultura que es la nuestra», explica. Su compinche en la tarea es el periodista Antonio Arquillo, un licenciado en Hispánicas que estudió la carrera cuando todavía «daban una caña tremenda» con el latín. Años más tarde, se compró una edición bilingüe de los viajes de Américo Vespucio y descubrió, con sorpresa, que seguía entendiendo la parte latina. «¡Si es que los españoles estamos hablando latín todos los días! Nuestras conjugaciones son idénticas. Nuestras palabras son latín: hasta lo ‘digital’ es latín, de ‘digitus’, dedo», se emociona Arquillo.

La pregunta más molesta en estos ambientes es, justamente, la más habitual: fuera de ambientes académicos y de quedadas de los círculos, ¿para qué sirve el latín? «Y, si nos ponemos pragmáticos, ¿para qué sirven las matemáticas? ¡Si yo no diseño naves espaciales! Conociendo la lengua latina, sé más de mi pasado, tengo una cultura más amplia, hablaré seguramente un español mejor...», enumera Cristóbal Macías. «Las lenguas nos abren puertas –plantea Avitus–. El latín nos abre a ideas y saberes comunes a toda Europa y que recogen la esencia de ser europeo. Nos hace más conscientes de quiénes somos. Sin el latín, tendemos a creer que todo se ha inventado ayer».

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