
En África les llaman también 'palmas del pan', casi no quedan en estado silvestre y son auténticos relictos vegetales, coetáneos de los grandes reptiles
valencia. Frente al cruce entre la carretera del Perelló a Cullera y la que se dirige al Faro de esta ciudad hay un espléndido jardín botánico, poco conocido del gran público, que es una mezcla de garden center (producen y venden plantas), colección privada de especies raras y museo natural de variedades exclusivas o que son difíciles de encontrar en otros sitios.
Se llama Mon Verd y actualmente está incluido en los recorridos turísticos de Cullera. Su dueño, Patricio Hinojosa, es un apasionado de las palmeras y las cicas, lo que le hace ser activo miembro de la Asociación Botánica Española de Palmeras y Cicas (Asepic), de la que es ahora presidente. Pero su más reciente pasión se centra en los encephalartos, un género de extrañas plantas que queda próximo de las palmáceas y las cicas, de crecimiento extrarodinariamente lento y de las que no quedan prácticamente en estado silvestre, sólo existen las que reproducen los aficionados.
Los encephalartos son, de hecho, relictos vegetales. Coétaneos de los dinosaurios, no se extinguieron con ellos, aunque las últimas noticias de hallarlos con cierta abundancia en el medio natural datan de finales del siglo XIX. A partir de ahí se limitan a reproducciones debidas a la curiosidad de colonizadores de zonas de África del Sur y Madagasgar, donde se encuentran los hábitats más apropiados. Posteriormente saltaron a Europa y América, por el evidente interés comercial que suscitan su rareza y su indudable belleza.
La colección de Mon Verd consta de varias decenas de especies que se encuentran bien aclimatadas. Patricio Hinojosa destaca «su lentísimo crecimiento», lo que dificulta la reproducción y, naturalmente, hace que sean plantas caras. En algunos casos las semillas tienen formas geométricas caprichosas, pero sólo surgen pasadas decenas de años y no siempre es segura su germinación.
Su nombre deriva precisamente de la forma del tallo, globoso y con cierta similitud a un cráneo (de ahí lo de encéfalo), del que salen múltiples ramas con hojas coriáceas y pinchosas. Hinojosa señala que «todas estas plantas, normalmente se defienden muy bien; por eso habrán resistido, porque a ver qué animal se las puede comer». Y a continuación señala una, que no es de las más grandes, y dice: «esta igual tiene más de cincuenta años y yo la conozco más de diez prácticamente igual».
En África llaman también a estos vegetales como 'palmas de pan', porque de su interior se puede aprovechar la pulpa para amasar una especie de pan, pero actualmente sólo se conoce su comercio para jardines y coleccionismo.
El botánico Mon Verd reúne, en 22.000 metros cuadrados, más de 2.500 especies vegetales, lo que hace que su dueño diga, bien orgulloso, que son más de las que hay en el Jardín Botánico de Valencia, con el que colabora, si bien en éste hay ejemplares monumentales, únicos y casi irrepetibles, naturalmente.
Entre las colecciones botánicas del centro destacan también las de cactus, ágaves, especies autóctonas valencianas (carrascas, romeros, palmitos, tomillos...), frutas tropicales y, especialmente, las palmeras, que constituyen además los elementos profesionales del propietario desde hace más tiempo. No en balde tiene en estos momentos 165 especies de palmáceas.
Llaman sobre todo la atención los magníficos ejemplares de palmeras Bismarckia, tanto en tonalidad azulona como verde, o las de 'cola de zorro' y 'cola de pescado', y las Butias, Carpentaria, Arenga australiana, Jubaea, Livistona, Parajubea, Phoenix, Roystonea... Es para perderse, y a todas ellas las revisa casi a diario su propietario, «porque es la única manera de detectar a tiempo un ataque del picudo, para actuar enseguida y evitar daños irreparables».
Y mientras va detallando denominaciones y grados de rareza, advierte también la presencia de otras especies curiosas, como el bambú 'tripa de Buda', la cica circinalis, la platanera roja, el cactus 'asiento de suegra', otro extrañísimo que forma una espiral; la dama de noche, cuya olorosa flor sólo dura unas horas; la nuez de macadamia, que por fin ha dado frutos, y luego las zamias y macrozamias, las yucas, los sioones, acacias, magnolios, tejos..., feijoas, mangos, litchis, zapotes, pecamos... Y su próximo proyecto es montar un jardín japonés.








