
Shafay Thobani estudió cinco horas al día durante trece meses para conseguir el título que le ha hecho famoso. / E.C.
Tiene ocho años y en lugar de ver películas de dibujos o jugar al escondite, el pakistaní Shafay Thobani se pasa la vida entre ordenadores. Trece meses de dedicación le bastaron a este pequeño genio para conseguir el Certificado de Especialista Tecnológico de Microsoft, un título solo para elegidos. Durante ese tiempo, Shafay dedicó cinco horas diarias al estudio motivado por su admiración hacia Arfa Karim, la niña más joven –también pakistaní– en conseguir ese mismo título cuando tenía 9 años (en 2004). Karim falleció hace unos meses, poco antes de que Shafay consiguiese superar el récord de juventud que ella mantuvo hasta 2008, cuando el macedonio Marko Calasan aprobó las pruebas siendo unos meses menor.
El certificado que emite la empresa de Bill Gates acredita la «habilidad para implantar, ampliar, solucionar y depurar una tecnología Microsoft específica», según aseguran en su web. Unos conocimientos que, a tan corta edad, suponen la llave de entrada al club de los gurús tecnológicos mundiales, pero no es de extrañar. Desde bebé, Shafay ya se sentía mucho más atraído por las máquinas informáticas que por los juguetes, según contaba su padre Shah Thobani al portal News Pakistan. Él tiene mucho que ver en el éxito del niño, al que regaló su primer ordenador a los cuatro años.
Es probable que el pequeño no sea consciente de su potencial y de la importancia de su logro. El título en cuestión está destinado a profesionales de la informática y se ofrece como motor de ascenso en la vida profesional, pero la mayoría de los que se someten a los exámenes necesarios para conseguirlo no alcanzan la puntuación del pakistaní: 91 sobre 100.
Los profesores de Shafay se mostraron admirados por su capacidad, aunque reconocieron la dificultad de enseñar a un niño conceptos tan complicados. El problema es que a edades tan tempranas «la memoria permanente es 50 veces mayor a la de una persona mayor» y es necesario explicarle correctamente los conceptos porque, una vez asimilados, es muy complicado redefinirlos, comenta el padre en la página web de Shafay. El progenitor asegura que el método de enseñanza se adaptó especialmente para el niño, y que a pesar de su larga jornada de estudio –de 7.30 a 13.30 en el colegio y de 14.30 a 19.30 tomando clases de informática– contaba con descansos para jugar al ajedrez o los dardos.
Está claro que Shafay será un gran representante para su país, como ya lo fue Arfa Karim en multitud de eventos tecnológicos a nivel mundial. Él lo tiene claro y «ayudar a mi país» es uno de los deseos que tiene apuntado en su lista junto con otros sueños como trabajar para la gente pobre, conocer a Bill Gates o desarrollar su propia empresa tecnológica.







