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Un año con la soga al cuello

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Un año con la soga al cuello

Fabra cumple doce meses de máxima tensión al frente del PP y del Consell | La gestión del colapso económico y el goteo de sobresaltos político-judiciales no dan tregua al presidente

15.07.12 - 20:11 -
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Un año con la soga al cuello
Alberto Fabra en su escaño de Les Corts. / Txema Rodríguez
«En este momento no estoy en disposición de decir que no vamos a tener que hacer más ajustes. Ni yo ni nadie». La frase pertenece al presidente de la Generalitat, Alberto Fabra, y sirvió para encabezar la entrevista que concedió a LAS PROVINCIAS con motivo de sus primeros cien días al frente del Gobierno valenciano. Pero la reflexión podría tener perfecta vigencia ahora, cuando se cumple un año –lo hará el próximo 20 de julio–, de su proclamación como nuevo presidente del PP valenciano y candidato (sería elegido unos días después) a la presidencia del Consell. La gestión de la crisis, el colapso económico, la sucesión de recortes y el control del gasto son caras distintas de una misma realidad. «La Generalitat no tiene dinero, esa es la única verdad», admite un alto cargo de la Generalitat. Y eso lo condiciona todo.
Alberto Fabra cumple sus primeros 365 días al frente de la administración autonómica. Un año para darse un baño de realidad, probablemente distinta de la que él mismo podía percibir desde fuera de la Generalitat semanas antes de su llegada al cargo. Distinta porque el sobresalto y la inquietud han capitalizado buena parte de los últimos doce meses. La necesidad de atender un escenario económico de caos, casi de tormenta perfecta, con un Ejecutivo central obligado a solicitar a Europa el rescate de su sistema financiero, se ha unido a una Comunitat asfixiada por su nivel de endeudamiento, por la imposibilidad de colocar su deuda –con vencimientos aún pendientes de más de 3.000 millones–, y obligada a acometer toda una sucesión de ajustes que, a los ojos del ministerio de Hacienda –tal y como puso de manifiesto el Consejo de Política Fiscal y Financiera (CPFF) del viernes– podrían ser aún insuficientes.
Y todo ello, agravado por la lastimosa desaparición del sistema financiero valenciano, cuyas entidades se han visto arrastradas por una gestión sonrojante, que ha acabado con la nacionalización o desaparición de las tres principales referencias: Bancaja, Banco de Valencia y CAM. Un escenario de pesadilla, en el que alguna responsabilidad, o casi toda, tiene también el modelo económico impulsado desde la Generalitat a partir de 1995.
Con un escenario financiero tan negro, a Fabra le ha quedado poco espacio más que no fuera el de la política de contención del gasto. Sucesivos planes de ajuste –uno de 1.800 millones nada más llegar al cargo, otro de 400 millones tres meses después, el plan del pasado mes de enero de 1.052 y el definitivo plan de reequilibrio 2012-2014 con el que garantizar el cumplimiento del 1,5% del objetivo de déficit– revelan un Consell obligado a ponerse a la defensiva, más preocupado de tapar agujeros que de la iniciativa política –uno de los aspectos que más se le ha criticado–.
La gravedad de la situación económica ha llegado a tal extremo que únicamente el salvavidas del Ejecutivo central ha evitado la quiebra absoluta. Madrid ha atendido los vencimientos de deuda, ha aportado 4.000 millones para el pago de proveedores y ha habilitado una nueva línea de financiación para las comunidades autónomas (en lugar de los hispanobonos), entre otras ayudas.
El sobresalto financiero casi diario se ha combinado con el político-judicial para terminar provocando un escenario de tormenta perfecta. Alberto Fabra llegó a la presidencia de la Generalitat tras la dimisión de su antecesor en el cargo, Francisco Camps, forzado a dejar el cargo tras la apertura de juicio oral por Gürtel. Un aterrizaje complicado en un partido y en una Comunitat que habían visto arruinada durante los últimos años la imagen de referencia de la que había disfrutado. «Aspiro a que sólo se hable de la Comunitat Valenciana en positivo», proclamó el presidente apenas unos días después de llegar al cargo.
Pese al empeño en reencontrar la normalidad –se reunió con los familiares de las víctimas del metro, por poner un ejemplo–, la sucesión de investigaciones judiciales no ha dado respiro al PP valenciano. Gürtel, Brugal, Emarsa, Cooperación... han provocado tal desfile de cargos populares por los tribunales que las páginas de información política de la prensa se han convertido en espacio habitual para los tribunales.
Con el objetivo de invertir esa tendencia, Mariano Rajoy –uno de los más hartos del permanente dolor de cabeza en que terminó por convertirse el PPCV– decidió poner a Fabra como referente de la tolerancia cero de su partido con la corrupción. ¿Cómo? Situándole al frente de la ponencia de Estatutos del congreso nacional de Sevilla para que endureciera la consideración que el partido tenía de la corrupción. Lo que debía ser un lavado de cara del PP de la Comunitat –con el compromiso explícito de expedientar a los cargos públicos imputados– ha terminado generando una contradicción: Fabra ha sido expeditivo con los cargos imputados de la administración y los ha destituido de forma fulminante, pero no ha podido actuar contra los diputados del grupo popular de Les Corts en la misma situación, consciente del «suicidio político», como reconoce uno de sus más estrechos colaboradores, que supondría actuar contra siete – y en breve quizá diez– parlamentarios del PP.
Los nuevos liderazgos siempre generan tensiones en los partidos. Alberto Fabra llegó al Palau de la Generalitat acompañado de una escasa media docena de colaboradores, buena parte de ellos de Castellón. Un equipo sin excesiva experiencia en lo relativo a la política de comunicación de una administración autonómica, y que ha provocado más de un dolor de cabeza al presidente del Consell. La atribución, casi en exclusiva, al jefe del Gobierno valenciano de todo aquello que sonara a éxito en la Comunitat, la excesiva visibilidad de la voluntad de ruptura con la etapa anterior y el ninguneo forzado del resto de referentes del partido, no han facilitado la consolidación de la imagen de político de trato afable que distinguía en Castellón al líder de los populares.
Al cambio del equipo de colaboradores más cercanos se le ha unido el de los referentes del PPvalenciano. El congreso nacional de Sevilla, el regional celebrado en Alicante y los provinciales que tienen lugar este fin de semana marcan la nueva etapa y los nuevos pesos pesados del jefe del Consell.
En el Consell, Fabra ha depositado toda su confianza en el vicepresidente José Císcar, al que le ha encargado no sólo la portavocía sino también el objetivo de disimular la falta de pulso político del Gobierno autonómico. En el partido, y pese a las maniobras en contra, Fabra ha impuesto como número dos y secretario general a Serafín Castellano. Una apuesta decidida para tratar de que el partido recupere el pulso y la tensión que la crisis y las investigaciones judiciales se han llevado por delante.
Rita Barberá y Alfonso Rus, las dos piezas clave en el liderazgo de Francisco Camps, han visualizado durante estos meses –y de forma especial en el congreso regional–, su discrepancia con algunas de las decisiones adoptadas por el nuevo líder popular (la comisión de investigación de Emarsa, el debate sobre la Fórmula 1 o la designación de Castellano como secretario general). Pese al éxito del congreso regional, muchos cargos del PP siguen pensando que restañar esas heridas debe seguir siendo el principal objetivo de Fabra.
Perfilados los nuevos referentes del partido, y sin un horizonte electoral a corto plazo, todo apunta a que el protagonismo de la gestión de la crisis seguirá capitalizando el día a día del Consell. Aunque son muchos los que consideran que la filosofía del recorte permanente, por obligado que resulte, no puede ser la única estrategia política. «A Fabra se le pide también que lidere», afirma un cargo.
UN AÑO EN FRASES
29 julio 2011
«Aspiro a que sólo se hable de la Comunitat Valenciana en positivo»
30 julio 2011
«En el PP no hay sitio para proyectos personalistas o localistas»
25 agosto 2011
«La deuda histórica del Estado con la Comunitat supera los 7.300 millones»
23 sepriembre 2011
«Si cesara a todos los que me pide la oposición, estaría solo»
19 octubre 2011
«El Consell apoyó siempre a las víctimas del metro»
6 noviembre 2011 Entrevista LAS PROVINCIAS
«En este momento no estoy en disposición de decir que no vamos a tener que hacer más ajustes. Ni yo ni nadie»
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«Todo lo que está saliendo de Emarsa nos está avergonzando como administración y como sociedad»
2 diciembre 2011
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20 enero 2012
«La Comunitat Valenciana no tiene que arrepentirse de nada de lo que ha hecho»
31 enero 2012
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24 febrero 2012
«No voy a permitir que nadie ponga en duda a este gobierno»
2 marzo 2012
«Lo que más me preocupa no es la Fórmula 1, sino el pago a proveedores»
9 marzo 2012
«Quien haya utilizado el dinero destinado a Cooperación de forma fraudulenta será castigado»
21 marzo 2012
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«Los servicios básicos cuestan dinero y hay que esforzarse en mantener el Estado del bienestar que hemos construido, aunque en este momento es insostenible»
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