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Del despacho a la prisión

SOLIDARIDAD

Del despacho a la prisión

Empleados de la firma SPB dedican parte de su tiempo a realizar acciones de voluntariado animados por la propia empresa

14.07.12 - 19:50 -
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Del despacho a la prisión
Los voluntarios de SPB repasan sus tareas. / LP
Mariam, Juanjo, Jesús y Anabel trabajan en las modernas instalaciones que la firma SPB –proveedora de la marca blanca de droguería de Mercadona– tiene en el polígono de Cheste. En un entorno muy moderno –de un blanco impoluto y con marcado estilo minimalista– transcurre su jornada laboral.
Más bien parte de ella porque los cuatro –igual que otros setenta compañeros– varios días a la semana dejan de lado durante unas horas sus quehaceres habituales –o su tiempo libre– para dedicarse a labores de voluntariado. Los empleados cambian encantados el confort de sus despachos por el claustrofóbico ambiente de la cárcel de Picassent o el de un centro para mujeres maltratadas.
«Llevamos ya cuatro años con actividades de este tipo. Lo consideramos una inversión porque mejora nuestra comunicación, el trabajo en equipo, la organización y también la gestión del tiempo», explica Anabel Talens, directora de Recursos Humanos de la empresa, además de voluntaria.
Mariam Burdeos, 30 años
Es responsable de ventas de los productos de limpieza industrial. Se atrevió con el voluntariado el año pasado, animando a adolescentes de familias desestructuradas a no tirar la toalla y pelear por labrarse un futuro. «Elegí ese campo, relacionado con los niños, porque pensé que me resultaría más fácil que hacerlo con personas con situaciones de vida más difíciles».
Le gustó tanto la experiencia que no dudó en repetir. Pero esta vez decidió echar una mano a mujeres maltratadas. Una compañera y ella impartieron una serie de charlas para conseguir que estas víctimas de la violencia de género pudieran reconocer en ellas mismas habilidades que les permitieran seguir adelante con sus vidas.
«Lo primero que hice fue intentar ponerme en su lugar y como al principio se mostraban bastante reticentes, para ganarnos su confianza comenzamos hablándoles de como intentábamos identificar lo mejor de nosotras mismas para aprovecharlo en nuestro beneficio».
Una de sus mayores satisfacciones fue observar cómo algunas mujeres sentadas en las últimas filas –y que habían ido al curso casi por equivocación– terminaban colocándose más cerca de ellas para oílas mejor. «Para ellas es un estímulo ver ejemplos de otras chicas que están consiguiendo sus objetivos».
La experiencia vale la pena porque, como señala Talens, «todos repetimos». Además el hecho de tener vivencias en las que no son profesionales, en un entorno que no controlan y en el que tienen que ganarse la atención de sus interlocutores «crea una tensión añadida que hace que se esfuercen mucho más».
Juanjo López, 36 años
Es responsable de embalaje y, junto a Mariam, este año ha impartido un curso de orientación sobre cómo crear una empresa a internos de la cárcel de Picassent. «La primera vez que entras allí es un shock, pero luego te acostumbras y olvidas que estás dentro de una prisión. Da respeto, pero no miedo».
Juanjo asegura que la relación con los presos es muy buena. «Percibes cuánto les ayuda que vayamos y les dediquemos un poco de tiempo». Y tanto porque en el curso, por cuestiones de organización, había sólo catorce plazas, «pero se creó tanta expectación que incluso teníamos lista de espera», recuerda con una sonrisa.
Ser voluntario, además de la gran satisfacción que reporta, en ocasiones supone vivir situaciones que nunca hubieran podido imaginar. «En una ocasión los funcionarios nos tuvieron que encerrar con llave en la sala porque en el módulo en el que nos encontrábamos un preso había apuñalado a otro y tenían que hacer un recuento».
Además, Juanjo y otros compañeros juegan en el equipo de fútbol de SPB que, junto con otras empresas, ha creado una liguilla en la que también está incluida una escuadra integrada por presos.
Obviamente todos los partidos se juegan en la cárcel de Picassent. El primer año, ganó la firma de productos químicos, pero no al siguiente. Más que nada porque les salieron unos duros competidores. «La derrota que les infligimos hizo que los internos se pusieran las pilas. Se lo tomaron tan en serio que estuvieron entrenando todo el año. Y en 2012, los campeones han sido ellos con todo merecimiento».
Las actividades de voluntariado se realizan siempre por parejas, «así, al estar codo con codo con un compañero con el que no están acostumbrados a interactuar les permite conocerse mejor entre ellos y mejoran las relaciones», señala Talens.
Jesús Valls, 35 años
Es responsable de envase y embalaje y ya lleva tres años de voluntario. Empezó ayudando a los chavales, pero ahora ha optado por el medio ambiente.
Los fines de semana se organizan salidas, en las que también participan sus familias, para analizar la salubridad en algunos tramos del río Túria.
Fundamentalmente en la zona de Vilamarxant, comprueban dónde crecen plantas invasoras que van comiéndose el terreno o la calidad del agua. Además construyen casas para que aniden los pájaros, «pues les es imposible hacerlo en el margen del río si está plagado de cañas».
No es en la única actividad en la que se involucra Jesús, que el año pasado dedicó su tiempo a la enseñanza de nuevas trecnologías a personas que no pudieron acabar los estudios secundarios y que estaban dispuestas a retomarlos.
«Está muy bien que dentro de nuestra empresa convivan los cursos de formación estrictamente laborales con actividades como esta, porque te permite crecer tanto en lo profesional como en lo personal».
Aunque les gustaría, nunca saben qué futuro tuvieron aquellos a los que ayudaron, «pero la sonrisa de agradecimiento que te regalan cuando te despides de ellos no tiene precio», dice Juanjo.
Sin embargo, hay veces en las que, sorpresivamente, la vida les devuelve como un bumerán todo la satisfacción que ellos regalaron un día. Hace poco el director de un centro escolar en el que estuvieron asesorando a los chavales les pidió que repitieran la visita a la fábrica que habían organizado el año anterior, pero para los chicos del curso siguiente. «Nos dijo que ver cómo se trabaja aquí les había servido tanto para encauzar su futuro que quería que los nuevos alumnos tuvieran también esa oportunidad», explica Talens.
Aunque su labor es completamente desinteresada y la realizan sin buscar ningún tipo de reconocimiento, estos llegan sin proponérselo. Hace unas semanas, se presentó el caso del voluntariado corporativo de SPB como modelo de éxito dentro de un seminario organizado en Londres por la alianza internacional Bussines in the comunity, en la que también han participado otras empresas con el renombre de Rolls Royce o IBM.
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