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La falta de limpieza convierte el monte valenciano en un polvorín

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La falta de limpieza convierte el monte valenciano en un polvorín

Matorrales secos, cortafuegos abandonados y leña por retirar disparan el riesgo de incendio

03.07.12 - 01:51 -
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Los árboles devorados por las llamas dejan un paisaje devastador en Cortes de Pallás. / Francisco García
Matorrales secos que crecen a su antojo. Hierbas que se cuelan entre los cortafuegos. Cultivos abandonados. La bomba de relojería que supone la falta de limpieza para los montes valencianos ya ha explotado. Alrededor de 48.500 hectáreas arrasadas durante cinco jornadas infernales en Cortes de Pallás y Andilla. Naturaleza devorada por las llamas. «Es como si hubiera caído una chispa en un polvorín», asevera el profesor José Andrés Torrent, miembro del grupo de investigación en Ciencia y Tecnología Forestal de la Escuela Politécnica Superior de Gandia.
Aunque el explosivo que supone el abandono de los bosques ha detonado en el interior de Valencia, el temporizador sigue latente en el resto de la Comunitat.
La escasez de mantenimiento supone un serio enemigo que puede generar una catástrofe en cualquier momento. «Se trata de un problema estructural, y no puntual», apunta el docente a Europa Press.
Un representante medioambiental de la FSP-UGT recuerda que el monte «debe cuidarse los 12 meses del año» pero lamenta que cada vez «se destina menos presupuesto para la prevención».
Si a ello se suman la escasez de lluvias sufridas este año y las condiciones climatológicas actuales el resultado es que los montes valencianos se alzan como un auténtico polvorín, tal y como ya advirtieron varios expertos a LAS PROVINCIAS tras el incendio de Benagéber que arrasó 700 hectáreas en la comarca de los Serranos el mes pasado.
«Los efectos climatológicos de este año son excepcionales. Hemos vivido un invierno y una primavera muy poco lluviosa y con mucha carga térmica. Si además se dan temperaturas por encima de los 30 grados, vientos de más de 30 kilómetros por hora y humedad menor al 30%, el peligro es aún mayor», constatan fuentes de UGT. Las tres variables han confluido en los incendios de Cortes de Pallás y Andilla.
Salvador Ballesta, director técnico del Consorcio Provincial de Bomberos ya calificó la situación de «alarmante» antes del verano. «Estamos preocupados por cómo puede desarrollarse la próxima campaña forestal y hacemos un llamamiento a la precaución», comentó.
Para el secretario general de la sección sindical de Tragsa, Juan Francisco Miralles, «la realidad de los montes es crítica» y aboga por hacer hincapié «en la limpieza y en mantener los cortafuegos, que son un punto de anclaje de las llamas que si no están a punto no sirven de nada».
El abandono de la naturaleza ya ha dado avisos previos a los incendios que estos días han devorado la Comunitat. Como un toque de atención. «Desde principios de año se han registrado varios fuegos que eran la antesala de estos», lamenta Miralles. De hecho, los bomberos han detectado este año «un alarmante aumento de los incendios rurales y forestales». 500 más que el año pasado en los primeros cinco meses del año y 850 más que hace dos años.
Otro de los factores que se alza como una seria amenaza para los montes es la reducción de personas que luchan contra el fuego. La Confederació General del Treball de Tragsa denuncia que la dimensión de los incendios que han devastado la Comunitat se debe a la «falta de medios por los continuos recortes del Consell».
En concreto, desde 2011, los contratados de la Unidad de Brigada de Emergencia de refuerzo sólo trabajan tres meses al año. Esto «resta en total 350 efectivos a una plantilla mermada año tras año». De hecho,respecto a 2010, cuando se contaba con 870 personas, actualmente hay que descontar las 350 que «decidieron no contratar».
Menos brigadas
También han descendido los recursos materiales. El número de brigadas ha caído en 31 unidades en dos años: 20 en Valencia (en 2010 había 35); 14 en Castellón (había 22), y nueve en Alicante (había 17). Además, hay ocho autobombas menos en la Comunitat. En Alicante y Castellón tienen una más que en 2010 pero en Valencia, aseguran desde CC.OO., se ha pasado de 26 autobombas en 2010 a 16.
El presupuesto para Brigadas de Emergencia «pasó el año pasado de 27 millones a nueve millones de euros». Fuentes de UGT añaden que cada año la inversión para labores de limpieza y mantenimiento «cae entre un 5 y un 7% cada año».
Por eso, desde Tragsa concluyen que cuando se conjugan la «falta de mantenimiento, la escasez de medios, el déficit hídrico y las altas temperaturas, la catástrofe medioambiental es una realidad».
Las organizaciones ecologistas Greenpeace y WWF también han lamentado el elevado número de hectáreas arrasadas en lo que va de año. Afirman que las consecuencias del fuego se deben a la situación «estructural» de abandono rural, de falta de gestión y de planes efectivos de prevención.
El profesor de la Universidad Politécnica de Gandia advierte de que, más allá del drama que supone la desaparición del paisaje, estos incendios pueden provocar inundaciones y una gran emisión de dióxido de carbono.
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