lasprovincias.es
Sábado, 25 mayo 2013
claros
Hoy 13 / 21 || Mañana 11 / 20 |
más información sobre el tiempo
Estás en: >
Noticias

EDUCACIÓN

El esfuerzo de ser un alumno más

En la Comunitat Valenciana estudian cerca de 2.400 alumnos con necesidades especiales

11.06.12 - 21:35 -
En Tuenti
CerrarEnvía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

* campos obligatorios
Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

* campos obligatorios
El esfuerzo de ser un alumno más
Una niña sorda juega. / E. B.
En la Comunitat Valenciana estudian cerca de 2.400 alumnos con necesidades especiales. Algunos lo hacen en centros ordinarios y otros en alguno de los 47 destinados específicamente a este fin. Aunque la apuesta por la integración es palpable tanto en la sociedad como en la administración, la experiencia de las familias demuestra que no siempre es fácil.

Pablo. Invidente
Hace seis años su vida cambió por completo. Un tumor cerebral presionó el nervio óptico y dejó de ver. Ciego total. Hoy tiene 17 años, prepara la selectividad, ha aprendido a tocar el piano y el violonchelo, es atleta –y de los buenos porque ha perdido la cuenta de las medallas que ha ganado–, ha tenido «dos o tres novias» y su sueño es convertirse en psicólogo.
Y eso no es todo. Este joven torrentino, además, irradia una alegría y unas ganas de vivir que más de uno se moriría de envidia. Sólo se pone serio cuando recuerda lo mal que lo pasaron sus padres entonces. Y también cuando aflora en su memoria el día que se tuvo que enfrentar a la realidad de que no había vuelta atrás. «Al principio creía que me curaría y no quería saber nada del bastón... hasta que en la ONCE me dijeron que nunca más volvería a ver».
A partir de ahí comenzó a vivir con su ceguera. En un mes aprendió Braille y a manejarse en un día a día oscuro. Retomó el colegio –La Purísima– y aunque es uno más, necesita una serie de apoyos para funcionar al mismo ritmo. «En este centro hay mucha colaboración y también ayuda que Pablo sea tan aplicado», explica Pilar Miró, su profesora de apoyo de la ONCE. Ella le facilita el material necesario –como mapas en relieve o gráficas adaptadas– y asesora a sus profesores.
A la hora de examinarse, dispone de un 50% más de tiempo que el resto y usa un «pacmate» –similar a un teclado de ordenador– que imprime documentos en Braille que después Pilar traduce. Si se pierde algo –«porque los profesores no pueden parar la clase por mí»– luego en casa «mis compañeros me ayudan con lo que no entendí».
Se le ve contento. «Sí, soy feliz», afirma con una sonrisa. Sólo vuelve la seriedad al enviar un mensaje a los docentes: «Somos alumnos, no hay que diferenciar. Los profesores no deberían echarse atrás sino estimular a quien quiera aprender».

Rubén. Sordo
El ejemplo de integración de Pablo no lo viven todas las familias. Rubén tiene nueve años y nació sordo. Desde los dos años y medio lleva un implante coclear –que permite recuperar la capacidad auditiva–, pero hasta los seis, el pequeño vivió un infierno. «Un especialista nos dio falsas esperanzas al decirnos que enseguida hablaría, así que lo matriculamos en un colegio ordinario», recuerdan sus padres.
Fueron tres años completamente perdidos. Y lo que es peor, llenos de sufrimiento para el niño. «La profesora no podía dedicarle la atención que requería y pasó la Educación Infantil sin aprender nada y siendo el bufón de sus compañeros». La situación generaba en Rubén un estrés enorme porque como quería comunicarse y no tenía forma de expresarse se ponía muy nervioso e inquieto. A Isabel y Florencio llegaron incluso a aconsejarles que lo medicaran... pero lo que hicieron fue cambiarle de centro.
Aprendió la lengua de signos y ahora recibe educación especial en el colegio Luis Fortich. «La integración llegará, pero es necesario un aprendizaje previo porque Rubén todavía se apoya mucho en los signos para comunicarse y aunque habla mucho mejor todavía le falta».
Su profesora imparte las clases simultáneamente en lengua de signos y oralmente. Pero cuando llegue la ESO y la Universidad –según explicaron desde la federación de personas sordas de la Comunitat Valenciana (FESORD)– el pequeño contará con dispositivos adaptados, como un bucle magnético, que permite inhibir el sonido ambiente para que el alumno sólo escuche lo que dice el docente.

Juan. Hiperactivo
Tampoco lo han pasado bien los padres de Juan –de diez años– que no se llama así pero su familia prefiere que no se publique ningún dato que lo pueda identificar. Ya en la guardería dio muestras de ser muy inteligente «pero trabajaba sólo cuando él quería», recuerda su madre.
Al comenzar Primaria, en un colegio ordinario, los problemas se agudizaron porque el niño era muy impulsivo y mostraba falta de atención, «pero tanto la psicóloga como su profesora se desentendieron». Tras un periplo en busca de ayuda, por fín, a los seis años, un profesional dio con la clave. «Le diagnosticaron hiperactividad y con la medicación mejoró algo, pero necesitaba más atención que el resto de sus compañeros y en el centro no quisieron implicarse».
Finalmente, el pasado año lo cambiaron a otro colegio –Escuelas San José– «y tienes que verlo ahora. Es como la noche y el día. Y, sobre todo, contamos con el apoyo del centro. Y esa ayuda es inestimable».
Aunque ha sido para mejor, a Juan no le está resultando fácil. «El cambio a mitad de curso no le gustó nada y está en una edad muy difícil. Además, los otros niños lo rechazan porque es muy impulsivo». Recibe cuatro horas de apoyo semanales y poco a poco se va adaptando. «Veo que está más apoyado por los profesores, más centrado y rinde mucho mejor. Es un alivio», reconoce su madre.

Daniel. Niño con autismo
Tampoco es este su nombre, pero por idénticos motivos su padre prefiere preservar el anonimato. Su hijo tiene 11 años y un trastorno de espectro autista. La mayoría de estos niños no habla, por eso necesitan una intervención psicopedagógica personalizada para poder desarrollar vías de comunicación alternativas al lenguaje normal.
Daniel está escolarizado en un centro ordinario «con unos apoyos mínimos para poder funcionar», que incluyen horas de logopedia o una profesora de intervención terapéutica. Sólo en algunos casos concretos comparte el espacio con los otros alumnos, «porque la mayoría del trabajo con él se realiza en un aula específica». La situación de Daniel, como reconoce su padre, es excepcional en cuanto a integración «porque la mayoría de los casos son derivados a centros de educación especial o no tienen ni los mínimos medios para ser tratados convenientemente en la escuela».
Este valenciano recuerda que no hay una política «coherente en la escolarización de estos niños» y pone como ejemplo la sentencia del Tribunal Supremo del pasado julio fallada a favor de una familia que denunció a la Generalitat Valenciana por las insuficiencias registradas en un aula de un colegio público, que carecía del material adecuado y de personal educativo con la formación específica para atender a estos alumnos.
«Yo puedo tener a mi hijo en mejores condiciones porque puedo financiarlo, pero lamentablemente no sucede así con la mayoría de las familias», concluye.
En Tuenti
La información de los barrios de Valencia y sus comercios, ahora en internet.
Más imágenes destacadas de 1982
Las fotos de la pantanada de Tous de 1982 y sus consecuencias
Síguenos en ·
lasprovincias.es