Una semana después del inicio del incendio en la cercanías del pantano de Benagéber el paisaje es desolador. Casi 670 hectáreas de verde bosque esfumadas en horas, desaparecidas del mapa.
Los negros y cobrizos le han ganado la batalla al verde freso de las copas de los pinos y el marrón de los troncos. Este pulmón verde de la comarca de los Serranos mantuvo en vilo durante días a los vecinos de localidades como Tuéjar o Chelva.
Las laderas de la montaña se parecen a terrenos lunares. A penas se oye el viento en este punto, siete días después huele a quemado y ni siquiera los pájaros se posan en las copas de los árboles quemados.
Los efectos de la llamarada son evidentes en las señales de la carretera. Hasta dentro de medio siglo la estampa no volverá a ser la misma según los expertos. Los pinos no rebrotan, deben ser plantados de nuevo.







