Rafael Álvarez con su Ford Fiesta de 1979. / Juanjo Monzó
Tomás Gutiérrez andaba aquella mañana especialmente risueño. No todos los días se estrecha la mano al Rey. Y no todos los días se convierte uno en alguien pionero. Nada más levantarse, no se olvidó de plantarse un uniforme bien limpio y de atusarse a conciencia patillas y tupé. Cuando la comitiva empezó a acercarse a él, en el corazón de la resplandeciente y recién estrenada línea de producción de Ford España en Almussafes (Valencia), Tomás notó que le temblaban las piernas. Todos sus compañeros de factoría le miraban. «Tuve la mala suerte de que me tocó a mí», bromea hoy desde su pueblo, Oliva de Plasencia, en Cáceres. Don Juan Carlos solo llevaba un año de monarca, pero ya se saltó el protocolo. Con su mano derecha le entregó una llave al mecánico, aunque no una simple llave. Y le soltó un abrazo con el que perdió todos los nervios.
– ¿Estás contento, Tomás?
– Mucho, majestad, mucho...
– ¡Eres un hombre con suerte!
–Sí, majestad. Pero... Estooo... ¿Con el coche viene algún sobre con dinero, verdad?
Don Juan Carlos y Tomás rompieron a reír. Al lado, Henry Ford II, el mandamás de la multinacional norteamericana, miraba circunspecto, sin entender demasiado el jolgorio. El mecánico Tomás Gutiérrez fue fichado por Ford a golpe de talonario en Alemania: le hicieron hasta la mudanza y le pagaron un sueldo de 25.000 pesetas, cuando en España pocos llegaban entonces a las 15.000. Trabajó dos décadas para la planta de automóviles y hoy, a sus 75 años, sigue haciendo 50 kilómetros diarios de bicicleta. Nunca olvidará aquel octubre de 1976, cuando se convirtió en un símbolo.
Abba reventaba entonces las pistas de baile con ‘Dancing Queen’, se gestaba una banda llamada U2, ‘Rocky’ triunfaba en los Óscar, nacía una empresa de nombre Apple... y un cochecito empezaba su camino para ser un cochazo.
El coche de Tomás Gutiérrez, el Ford Fiesta de 120.000 pesetas cuyas llaves le entregó el Rey y que fue fabricado el 18 de octubre de 1976 (con la simbólica matrícula V-1810-V), fue solo el primero de nada menos que 15 millones de unidades comercializadas en el mundo (cinco millones salidas de la factoría valenciana). Hoy, Almussafes dice adiós a la producción del Fiesta (se seguirá fabricando en Colonia) para dar un salto cualitativo con la producción del Kuga y la Transit Connect.
La guerra con Renault
«La llegada del Fiesta fue una revolución». Es el titular de Álex Adalid, periodista especializado en motor. Al calor de la crisis del petróleo de 1973, Henry Ford II puso sus ojos en España para entrar en Europa con un coche compacto y de bajo consumo. Arriesgó con su apuesta y nadó contracorriente frente a uno de los lemas de la casa: «Coche pequeño, pequeño beneficio».
El Fiesta pudo llamarse Ford Bambi. Fue uno de los nombres que se barajó entre los directivos estadounidenses. También Forito, Metro o Pony... Por fortuna se impuso la apuesta del jefe con Fiesta: era la palabra que pensaba que más se asociaba con España. Y el Ford Fiesta no tardó en pisar el acelerador y dar la razón al segundo de los Ford. «Supuso un enorme salto cualitativo sobre lo que había en ese momento en el mercado. Ninguna otra marca ofrecía un compacto con tres niveles de acabado y dos motores diferentes. Hoy aún es el coche de su segmento más vendido en Europa», recuerda Víctor Piccione, gerente de Comunicación de Producto de Ford España. «Una empresa americana irrumpió en España vendiendo coches a la americana, cuidando mucho el producto y el trato al cliente. Y triunfaron», apostilla Adalid
El Fiesta no tardó en enamorarlas a ellas, encandiladas por su diseño y reducido tamaño. Y el pequeño de los Ford conquistó también a los de menos edad. «La gente joven pija tenía un Ford Fiesta o un Renault 5», apunta Adalid. La pelea por el sector femenino también fue dura con el Renault 5. La empresa francesa no lo dudó a la hora de emplear toda la ‘artillería’ para defender a su benjamín, con anuncios como el protagonizado por Paloma San Basilio. Pero aún hoy, el Fiesta parece haber ganado la batalla: en 2009, una encuesta entre las lectoras del grupo editorial Hachette lo situaban como «coche de la mujer».
El pequeño gigante no tardó en llamar la atención de todo un mito de los 70 y los 80, el concurso ‘Un, dos, tres’, el único en la historia capaz de embobar a 23 millones de espectadores. El Fiesta se convirtió en una de las estrellas del programa, uno de los regalos bomba junto al clásico apartamento en Torrevieja. Y pocos coches pueden presumir de que otro símbolo de los 80, los ‘Hombres G’ de David Summers, lo escogieran para aquella memorable estrofa de «...ella se fue con un niño pijo, en un Ford Fiesta blanco...» de ‘Devuélveme a mi chica’.
Veinte años entre los tres coches compactos más vendidos de Europa, primero de su sector que aceptaba gasolina sin plomo, el primero diesel, con frenos ABS y airbag para el conductor. Son algunos de sus hitos, lujos en una época en los que los estándares de calidad del ‘Cuatro Latas’, el 127 o el Renault 5 eran aún ‘desarrollistas’. «Cuando nació el Fiesta aún estaban solo las fábricas de Franco en España», apunta Adalid.
El pionero Tomás se dio cuenta de lo que llevaba entre manos con solo poner una rueda en su pueblito de Oliva de Plasencia (hoy tiene 300 habitantes). «Mis amigos mecánicos se rifaban el Fiesta. Me lo quitaron durante cuatro horas para dar vueltas con el coche sin parar». En aquellos 70, hasta el entonces presidente de Ford predicaba con el ejemplo, peinando todos los concesionarios de una España aún sin autopistas al volante de su Fiesta.
Ni los famosos de la época quedaron inmunes a la moda. Aunque algunos, como Camilo Sesto, con sabor agridulce. «Solía andar por Madrid con un Ford Fiesta, porque era manejable y cómodo. Un día, al bajarme, oí a una mujer que decía: ‘Pues no será tan buen cantante cuando tiene ese coche pobretón’. Se lo regalé a mis guardeses y empecé a usar un Mercedes 280, pero entonces me decían ‘se está forrando con nosotros y se compra esos coches’». Que se lo digan a Tomás Gutiérrez, que después de su Fiesta tuvo otro y luego un Escort... Un hombre fiel a sus principios.



