En unas semanas se dará por terminado el curso universitario 2011-2012. Un final de año lleno de incertidumbre para decenas de estudiantes que el año que viene con la subida de tasas prevista por el decreto del Ministerio de Educación tendrán que dejar sus carreras y cambiar de planes. Historias personales como las de Alba o César.
Alba Catalán está en el quinto curso de la Facultad de Economía. Su expediente es brillante. Hace dos años, en previsión a estar en Alemania de Erasmus, curso a la vez el tercer y cuarto año de su licenciatura. Eso le permitió viajar al sur del país germano y desarrollar su nivel de alemán. Durante todos estos años ha podido estudiar gracias a una beca. El año que viene, dada la situación económica actual, pretendía seguir estudiando un máster en la Universidad. La subida de hasta un 80% de las tasas de esos estudios superiores le va a impedir hacerlo. De hecho, resignada, confiesa que va a tener que volver a casa de sus padres en la localidad de Ayora. Allí pasará un tiempo mientras decide que hace con su futuro, asegura que como muchos de sus compañeros buscará un horizonte lejos de la Comunidad Valenciana. Las ofertas de prácticas que recibe estos días no son remuneradas y el coste de vida en la urbe le impide poder aceptarlas.
El caso de César Augusto, estudiante de Telecomunicaciones guineano es aún más problemático. Está cursando todavía sus estudios. El año que viene tendrá que pagar 6000 euros si quiere seguir haciéndolo en la Universidad Politécnica. Un gasto que ya sabe, su familia no va a poder costear. Además a César se le suma el problema del colegio mayor donde reside. El próximo 30 de junio la empresa que lo gestiona lo cierra y con la beca para su residencia en Valencia en el aire dice sentirse angustiado y torturado mentalmente. Como alumno extra comunitario, César, recibió hace unas semanas una carta firmada por la vicerrectora de cooperación en la que se le anunciaba que para el año que viene no tendría ayuda alguna y en la que además con buenas palabras se le instaba a regresar a su país de origen y seguir cursando sus estudios a través de la UNED.
Tanto César como Alba no saben que van a hacer con sus ilusiones y proyectos en los próximos meses. Alba tiene todavía la fuerza moral para agradecer al estado todos estos años en los que ha estado estudiando lo que quería. César se siente más desilusionado porque aunque en su país no hay problemas económicos como los de España, el nivel de formación es mucho menor que el de Europa. Ambos confían en que las medidas de recorte se suavicen y puedan seguir con sus carreras, mientras tanto la incertidumbre se apodera de ellos. Son un ejemplo de lo que está pasando en las aulas universitarias, pero lamentablemente no son los únicos.







