
Jardin experimental junto a la Ciudad Ros Casares, en Valencia. / Jesús Signes
Dejar hacer a la naturaleza. Es la premisa con la que se trabaja en el Jardín Experimental de Vara de Quart, un espacio verde de más de 8.500 metros cuadrados en el que ni el agua, ni los fertilizantes ni los insecticidas tienen permiso para entrar.
No es una utopía; es una realidad ubicada junto a la Ciudad Ros Casares, en el punto situado entre la V-30 y el límite sur de la urbanización, que comparten Valencia y Xirivella. De hecho, este jardín es gestionado por los dos ciudades de forma diferente. Por un lado, la zona de Xirivella en la que se aplican técnicas que eliminan aquellas plantas que no han sido introducidas por los técnicos. Por otro, el área de Valencia, con una diversidad que ha permitido que, hasta el momento, se hayan catalogado 150 especies desde 2010.
El proyecto, pionero en España aunque común en ciudades europeas como Berlín, se caracteriza por dos aspectos: cuenta con una vegetación adaptada a la sequía y conserva todas las plantas que nacen, es decir, no se elimina ninguna porque todas tienen una función.
Hasta las consideradas invasoras, como el ‘Carpobrotus’, que sirve para frenar la acción esterilizadora del sol y crea una cubierta orgánica sobre el suelo que impide la erosión frente a lluvias torrenciales. Precisamente esta planta fue la única que plantaron los técnicos del Servicio de Jardinería del Ayuntamiento de Valencia.
A partir de ahí la naturaleza ha ido haciendo y deshaciendo según sus necesidades y sin contar con el agua. Aunque el jardín cuenta con sistema de riego por goteo, no se ha utilizado desde que el Ayuntamiento recepcionó este espacio en 2010. Espitas cerradas para saber qué especies sobreviven sin riego. La zarza, por ejemplo, ha sido una de las que ha sabido adaptarse.
Malas hierbas
Esa ley no escrita (dejar hacer a la naturaleza) se sigue tan a rajatabla que, incluso, el Jardín Experimental tiene también las consideradas como malas hierbas (diente de león, varita de San José, etc.). Entra aquí en escena la otra cara de este espacio, su función didáctica. «No son plantas problemáticas. El error viene de la agricultura, donde sí son malas porque no deben aparecer en tu cultivo. Ese concepto se ha extendido erróneamente a la jardinería», explica Joaquín Sánchez, técnico del Ayuntamiento.
En realidad, son plantas de la cultura valenciana porque «antiguamente se empleaban para comer y ahora contribuyen a fertilizar el suelo; no hay por qué arrancarlas de este espacio». En otras palabras, «no se tiene la necesidad de recrear una estética concreta, sino que prima la estética de la libertad».
Y así puede comprobarlo el visitante. Hinojo, romero, llantón, acelgas, draba, hierba del asno o achicoria son algunas de las plantas que brotan en este jardín.














