El 'best kept secret' (el secreto mejor guardado) de Ecclestone a Rita Barberá refiriéndose a Valencia no es algo que dijera el magnate de la Fórmula 1 para conseguir el acuerdo de las carreras en la ciudad. Lo que hizo el multimillonario fue, ni más ni menos, descifrar con tres palabras lo que sienten los turistas tras su primera visita al 'cap i casal'.
Con la Copa América, la ciudad ha ganado en posicionamiento. Ya mucha gente sabe colocarla en el mapa y, además, muchos turistas no rechazan la posibilidad de pasar un tiempo en la capital. Cuando se marchan, muestran su satisfacción por el paseo. Y los que lo saben bien son los guías turísticos de la ciudad que atienden a muchos de los 1,9 millones de viajeros que en 2011 pasaron las calles de Valencia.
José Ferri es guía y director comercial de 'Valencia Guías'. Lleva muchos años al pie de la calle paseando gente y su conclusión es clara: «La gente que viene aquí no tiene expectativas porque conocen poco del turismo, más que alguna fotografía. Por eso se marchan sorprendidos con las cosas que ven como puede ser el centro histórico. No se lo esperan», dice el 'paseador' profesional.
Y eso les hace el trabajo mucho más sencillo como reconoce Julia, una guía autónoma: «A la gente le impresiona Valencia. Siempre se marchan contentos, y eso viene bien para suplir las incomodidades que tiene la ciudad».
Lo que más gusta, sin duda, es el centro histórico, una mezcla de edificios, clima, paseos, museos y monumentos. Y lo que más sorprende es el mercado Central. Nadie se espera que ese lugar tenga el encanto y la capacidad de sorpresa que provoca en los recién llegados. Así lo entiende Carmen Tarín, directora de la empresa de servicios turísticos ArtValencia: «Es la joya de la corona. Muchas veces, la gente cuando entra en el mercado para una visita rápida no se quiere marchar de ahí», dice la experta guía. Ferri opina que a ese lugar le falta algo que pronto se podrá subsanar con la entrada de Ricard Camarena en el bar del mercado: «La gente echa en falta un sitio para tomar un aperitivo y donde comer parte de lo que se puede comprar en este mercado».
¿Qué es lo segundo que más les gusta a los visitantes? L'Oceanogràfic. Sin duda. Es la otra 'perla' de la ciudad. Por encima de sus atracciones hermanas de la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
Ya se ha hablado de las bondades de la ciudad, pero ahora también es el momento de saber qué critican los turistas de Valencia. Ferri llega a comentar que la ciudad no es «amigable con el turista. La gente extranjera no tiene la información en inglés como ocurre por ejemplo en Barcelona, donde todos los transportes públicos tienen carteles en tres idiomas. Aquí no hemos llegado todavía a este servicio tan necesario para los turistas».
La más crítica es Julia, que opina que si Valencia no hace un esfuerzo puede perder el tren de turismo: «Estamos ante la oportunidad de marcar una línea cualitativa para el turismo, pero no se está haciendo bien». Y lo justifica: «Veo que hay una evidente falta de servicios públicos. La gente tiene que ir a los bares a hacer sus necesidades obligándoles a consumir. Otro tema principal es que el Ayuntamiento facilite el aparcamiento a los transportes para turistas. Tienen que permitir que los autobuses puedan aparcar más cerca de los monumentos o de los lugares de interés. Para los grupos de gente mayor es un problema las caminatas que se tienen que dar», dice Julia.
Tarín apunta a que la ciudad tampoco destaca en la accesibilidad para los discapacitados, sobre todo en los servicios públicos. Y también apunta a un tema en boga: el cierre en domingo. «El centro de la ciudad debería estar abierto los domingos cuando llegan los cruceros. Al turista no le gusta andar por una ciudad en la que todo está cerrado y en la que no hay gente andando por la calle. Además, a todos les apetece emplear un poco de su tiempo en ir de compras de regalitos para los nietos o algún recuerdo. Yo creo que se está perdiendo mucha venta sobre todo con la llegada de los cruceros».
Y Valencia también suspende en el trato con el cliente sobre todo en los bares y restaurantes. Aparte del inglés, tema pendiente, «sólo se habla inglés en las recepciones de los hoteles», dice Ferri que sentencia: «Los turistas se siente indefensos cuando tienen que ir a un bar y el trato no es muy cortés. Nos llegan a decir que lo notan hostil».













