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El 15-M la arma en el corazón de Valencia

UN AÑO DESPUÉS

El 15-M la arma en el corazón de Valencia

Miles de manifestantes toman la plaza del Ayuntamiento, arrasan con la mascletà nocturna e inician una nueva acampada

12.05.12 - 23:54 -
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El 15-M la arma en el corazón de Valencia
FOTOS: Así ha sido la manifestación en Valencia
La triple fila de vallas que aislaba la zona de fuegos de la plaza del Ayuntamiento de Valencia fue arrasada ayer por unos 3.000 manifestantes del 15-M que tomaron el centro del espacio arquitectónico cuando permanecía montada una mascletà nocturna preparada para disparar en la media noche para conmemorar la festividad de la Mare de Déu dels Desamparats.
Los efectivos policiales presentes en la plaza, alrededor de medio centenar, entre agentes nacionales y locales, no impidieron que los manifestantes tomaran al asalto el foro.
Los convocantes de la protesta en Valencia para conmemorar el primer aniversario del 15-M tenían permiso para celebrar una manifestación cuyo final de recorrido era la plaza del Ayuntamiento. No disponían autorización ni para acampar ni para tomar, y menos por la fuerza, el centro de la explanada municipal.
Antes de dar inicio a la manifestación, Salvador Portillo, uno de los portavoces de la organización, no dudó en exteriorizar su malestar por que el Ayuntamiento había montado la mascletà nocturna en la plaza, ya que la ciudad «está llena de sitios para montar una mascletà o un castillo».
El concejal de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento de la capital de la Comunitat, Miquel Domínguez, calificó de «barbarie» la actuación de los manifestantes que «entraron a saco» en el recinto pirotécnico.
De entre los asaltantes hubo incluso alguno que arrancó material pirotécnico para llevárselo. De hecho, un joven se reventó un tímpano al explotarle cerca un masclet que acababa de sustraer y que prendió para que estallase.
El termómetro de la plaza de San Agustín marcaba 33 grados a las 17.30 horas. Una veintena de personas con cuatro banderas y un par de pancartas buscaba refugio a los pies del santo bajo cuya advocación se levanta el templo. ¿Policía? A lo lejos, un coche patrulla. Aún era pronto. Con la puerta de la iglesia todavía cerrada un Rolls Royce estacionó junto a la acera. Un joven, entre ilusionado y temeroso, se apeó del reluciente vehículo y lo recibió un pequeño grupo de amigos ataviados con trajes de noche. La ceremonia, prevista en media hora, justo cuando estaba programada la salida de la manifestación del 15-M. Había preocupación por si surgían problemas.
Pero ahí no los hubo. Tampoco en el recorrido de la manifestación (plaza San Agustín, calles de San Vicente, La Paz, El Parterre, Colón y Marqués de Sotelo). Miles de personas -unas 20.000, según diversas fuentes- participaron en la marcha. Cuando la pancarta que abría la comitiva («Som el poble, som el 99%», rezaba) estaba en El Parterre, la cola de la protesta permanecía parada a la altura del número 51 de la calle San Vicente. Más de una hora costó desalojar la plaza de San Agustín, el punto de concentración.
El desfile resultó casi festivo. Una batucada se encargó de animar el centro de la marcha. Había participando jóvenes, parejas con hijos pequeños, personas maduras, pocos de los conocidos como «perroflautas», numerosas banderas de la segunda república española y solamente dos banderas independentistas catalanas. Por contra, ninguna bandera de España ni ninguna Senyera.
Fue unos minutos después de la llegada a la plaza del Ayuntamiento valenciano cuando empezaron los problemas.
Al arribar la comitiva se dirigió ante al edificio consistorial. Y cinco minutos después, desde una esquina cercana hacia Marqués de Sotelo, un grupo de manifestantes empezó a tumbar el vallado de seguridad que aislaba la mascletà nocturna dispuesta para su disparo a las 12 de la noche en honor de la Verge.
Y tras la localizada acometida inicial contra las tres filas de vallas se produjo la reacción en cadena: los manifestantes pasaron por encima de las barreras y en cuestión de segundos tomaron el centro de la plaza, a pesar de que estaba instalada la mascletà nocturna, algo que no resultó ningún impedimento.
«La plaza es nuestra» y «la mascletà es nuestra», coreaban los asaltantes mientras efectivos de la Policía Local ayudaban a toda prisa a los operarios de la empresa pirotécnica a retirar tracas y carcasas.
La Policía Nacional, en contra de lo que había sostenido la delegada del Gobierno, Paula Sánchez de León, no impidió que los manifestantes tomaran el centro de la plaza del Ayuntamiento de Valencia. La representante del Gobierno central en la Comunitat y exvicepresidenta del Consell afirmó el jueves pasado que no se había autorizado ninguna acampada, que de todos modos no se iba a permitir y que ocupar la plaza «supondría una extralimitación del derecho a reunión».
Los agentes de la Policía Nacional se limitaron a grabar imágenes de la gente tomando la plaza mientras los de la local echaban una mano en retirar la pólvora.
Reyes Martí, la empresaria pirotécnica que triunfó con el disparo de su mascletà en Fallas con motivo del Día de la Mujer Trabajadora, no tenía consuelo. «Dejadnos trabajar, que yo también tengo una hipoteca. Este es mi trabajo», espetó, con lágrimas en los ojos a los manifestantes que irrumpían sin control en el espacio pirotécnico.
Miquel Domínguez, responsable municipal de Seguridad Ciudadana, no podía ocultar su indignación por lo que había sucedido y aunque no lo dijo con claridad, no estaba excesivamente contento por la actuación de la Policía Nacional, que no impidió la toma del centro de la plaza.
«Nosotros estábamos para impedirlo pero ha sido una actuación de barbarie. Sólo con el espacio que había alrededor había más que suficiente para los que han participado en la manifestación, que no eran más de 3.000 personas», se encendía Domínguez.
Para el concejal de Seguridad, «han entrado a saco, con un riesgo enorme para su integridad». El edil de Fiestas, Francisco Lledo, compartía la indignación de su compañero de filas. «No hemos suspendido la mascletà nocturna. Es que la han destrozado, la han arrancado, con el consiguiente peligro para los pirotécnicos, para la policía y para ellos mismos», afirmó.
Domínguez aseguró sin dudarlo que hay «una responsabilidad de los organizadores por no saber amarrar la situación» para, a renglón seguido arremeter contra los violentos que participaron ayer en la manifestación porque «van en contra de lo valenciano. Todo les molesta y han demostrado que son violentos y peligrosos».
Pese a que el concejal de Seguridad hacía un llamamiento a la calma volvía a encenderse. «No puede ser que tomen la calle como si fueran los amos. No puede ser que 3.000 personas se impongan a todos los valencianos, que somos muchos más», se lamentó.
De la misma manera, el concejal de Fiestas y diputado provincial, Francisco Lledó, afirma que de democracia real «nada de nada, estos lo que quieren es una dictadura o una anarquía». Lledó no sabía si la alcaldesa, Rita Barberá, había hablado con la delegada del Gobierno, Sánchez de León, para pedirle que se desalojara la plaza.
Eso era antes de las 10 de la noche, la hora hasta la que tenían permiso los manifestantes. Pero se superó el límite horario y lejos de abandonar el lugar se plantó la primera tienda. Se inició, de esta manera, una nueva acampada, a la que siguieron varias asambleas informativas.
Desde la Delegación del Gobierno en la Comunitat, Sánchez de León solamente lanzaba anoche una consigna: «prudencia».
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