
El diputado más veterano de Les Corts Valencianes , Rafael Maluenda, echa en falta el "espíritu institucional" que había en la primera y la segunda legislaturas, cuando la oposición respaldaba al Gobierno en los "temas de Estado", así como el "nivel de debate" y los "grandes oradores" de los inicios.
El vicesíndic del grupo popular es, junto a la alcaldesa de Valencia , Rita Barberá, el único diputado autonómico que ha ocupado un escaño de forma ininterrumpida desde 1983, cuando se constituyeron las primeras Corts de la etapa democrática, casi treinta años en los que ha acumulado anécdotas y experiencias.
En una entrevista, Maluenda recuerda que llegó a Les Corts con 42 años, cuando lucía patillas y pelo negro y la sede estaba en el Palau de la Generalitat, y ahora, con 70 y pelo blanco, espera concluir esta legislatura para abrir una nueva etapa y poder dedicarse por fin a su mujer, sus hijos y sus cuatro nietos.
Entre sus recuerdos de estas décadas, la búsqueda por el barrio del Carmen de Valencia de un "edificio emblemático" que pudiera acoger la sede de la principal institución de autogobierno, y que finalmente fue el Palau del Borja, cedido por Patrimonio Nacional, aunque se les cayó "el alma a los pies" cuando vieron en qué estado estaba, con "maderas carcomidas" e incluso "hierbajos".
Maluenda rememora que en el espacio que actualmente ocupa el hemiciclo había una peluquería, una tienda de muebles y una farmacia, a las que hubo buscar otra ubicación, y que durante las excavaciones arqueológicas se encontró el "tesoro de Les Corts", lo que retrasó "enormemente" las obras y supuso un coste de más de 50 millones de pesetas.
El veterano diputado explica que las escaleras de mármol de la zona noble de la Cámara son las originales del palacio, y que el Parlamento de Renania-Palatinado, un Estado federal alemán hermanado con la Comunitat Valenciana , sirvió como modelo para el hemiciclo valenciano , adonde viajaron para conocer su funcionamiento.
Se muestra orgulloso de haber participado en la elaboración de numerosas normas, particularmente de tres: la reforma del Estatuto de Autonomía, el Reglamento de Les Corts -al que algunos, admite, llaman "reglamento maluendí"- y la ley de Protección de la Columbicultura y del Palomo Deportivo, a la que es aficionado.
Maluenda admite que ha sido de todo en estos casi treinta años -vicepresidente, secretario, portavoz, viceportavoz, presidente de comisiones- y que lo que le faltaba, ser presidente de la mesa de edad, lo cumplió al inicio de esta legislatura.
No se olvida de los maratonianos debates de presupuestos de antaño, que se alargaban hasta la madrugada y en los que había que hacer paradas porque los taquígrafos, que tomaban nota a mano de todo, necesitaban descansar, o cuando en la primera legislatura no tenían despachos y disponían de unos medios muy reducidos.
"Era una época bonita, de satisfacción del deber cumplido", asegura Maluenda, quien destaca que en la primera legislatura tenían el reto de conseguir que el autogobierno fuera "una realidad" y que todos trabajaban en esa dirección.
Estos años ha habido lugar también para las risas, recuerda, como cuando un conseller mantuvo que los samarucs "revolotean por la Albufera"; un diputado que hablaba del paro durante la reconversión industrial denunció que se formaban grandes colas "delante del imen", o fue acusado de tener miopía política, ante lo que tuvo que admitir que sí que era miope, pero solo de la vista.
Después de casi tres décadas en el mundo parlamentario -doce en la oposición y el resto con el partido del gobierno-, este diputado, que entró en política en 1978, afirma que cuando se vaya seguirá "trabajando por los valencianos " y que incluso podría escribir un libro sobre su forma de entender el valencianismo .





