«¿Mejorar? Que pueda aguantar con el negocio ya será un milagro». Pepe Palmero lleva décadas al frente del negocio familiar que fundó su bisabuelo en 1903 a los pies de las torres de Serranos y desde hace cuatro años sortea el cierre como puede. Y sus expectativas de futuro no son mejores, marcadas como vienen por los zarpazos que la crisis sigue dando sin contemplaciones en una España con un panorama económico desolador. «No creo que vaya a mejorar en los próximos meses», reflexiona.
Sólo un 8% de los empresarios considera que la marcha de su negocio será positiva durante el segundo trimestre del año. Por el contrario, el 43% opina que la situación será negativa y para un 49% el rendimiento de su establecimiento será «normal». Estos son los datos que refleja el primer Índice de Confianza Empresarial Armonizado (ICEA) elaborado por el Instituto Nacional de Estadística (INE) con la colaboración del Ministerio de Industria y las comunidades autónomas.
Pepe no es el único. A pesar de estar enclavado en una zona muy céntrica y turística, el horno centenario de Vicente Montaner funciona relativamente. «Estamos muy desamparados por las administraciones y esto debería cambiar. El centro histórico en todas las ciudades es mimado por las autoridades y aquí sucede todo lo contrario. ¿Cómo va a venir la gente a comprar o a cenar aquí si no tienen donde aparcar? Al comprador hay que facilitarle las cosas», reflexiona.
Pese al pesimismo que arrojan los datos del ICEA, la evolución respecto al trimestre anterior no es tan desesperanzadora. De hecho, los empresarios que calificaron la situación de su establecimiento como favorable durante los tres primeros meses de 2012 representaban el 7%, un punto menos que para el próximo trimestre. También era seis puntos mayor el porcentaje, un 48%, de emprendedores que valoraron negativamente la situación.
Balance de expectativas
El balance de expectativas, es decir, la diferencia entre el porcentaje de respuestas favorables y desfavorables, en el segundo trimestre es de 35 puntos negativos para toda España. Pese al mal resultado, supone una mejora de nueve puntos sobre el balance referido al trimestre anterior.
Pero en el día a día, el empresario se las tiene que ingeniar como sea para mantener la persiana abierta. «Ganar no gano, pero al menos no perder», señala Palmero, quien ha tenido la tienda operativa toda la Semana Santa para aprovechar el turismo de otras comunidades, «porque la gente del barrio ha dejado de comprar».
A veces también hay que negociar con los proveedores, porque hay meses en los que ni siquiera se les puede pagar. Y aguzar el ingenio para encontrar salidas.
Como los propietarios de un restaurante cercano al Mercado Central, que tuvieron que cambiar su idea de negocio para sobrevivir . «Por la noche funcionaba bastante bien, pero por la mañana y a mediodía no había forma de atraer clientes. Así que tuvimos que empezar con las ofertas de desayunos y los menús económicos. Y eso ha sido nuestro salvavidas».



