
El viaje en el tiempo de María Teresa Fernández de la Vega es propio de un cuento de Isaac Asimov. En los últimos meses, se ha quitado y puesto años en la cara de manera asombrosa. No es otra, vale, pero hasta el año pasado, en el Carnaval de Cádiz le componían coplas en las que se le mentaba a Copito de Nieve y ahora en las redes sociales ya la comparan con Jane Fonda. Ambos exageran, pero el cambio de De la Vega es innegable, impactante y positivo. Las fotos del antes y el después han corrido por las redacciones como la pólvora. Estas son las claves de su viaje en el tiempo.
Es la misma persona, como la tierra es la misma de noche y de día, pero el cambio es brutal. Los fotógrafos se dieron cuenta esta semana en un acto de la Fundación Mujeres por África. La que fuera la mano derecha de José Luis Rodríguez Zapatero apareció en público el miércoles, después de haber dejado la política el pasado año. Y lo hizo con menos ojeras, menos bolsas, menos arrugas, el pelo más largo, la piel más tersa... Si no era otra, era la misma remozada, con unos cuantos años menos, no ya de los 62 que marca su DNI, sino de los derivados del estrés, la fatiga y el insomnio que conlleva el ejercicio del poder.
Detrás de ese cambio radical está un acertado maquillaje, alguna hora de peluquería y sobre todo las manos del doctor Enrique Monereo, uno de los magos del lifting de Madrid, que ha operado a Elsa Pataky, Alaska, Mario Vaquerizo, Boris Izaguirre, Laura Valenzuela y Lara Dibildos, entre otros. Durante estos días, Monereo se encuentra en un congreso médico en Estados Unidos, pero la clínica madrileña confirma que De la Vega se ha puesto en sus manos para someterse a un lifting muscular. La operación consiste en recolocar la grasa y el músculo que se desplaza hacia abajo por el inexorable peso del tiempo y la gravedad. Se trata de ponerlo todo en su sitio en una batalla con bisturíes contra la flacidez, que necesita de pocas semanas de recuperación y cuyo precio puede oscilar entre los 6.000 y los 20.000 euros.
El plato fuerte del regreso al pasado de María Teresa Fernández de la Vega ha sido la operación, pero su batalla por el cambio de imagen ha tenido más flancos. «Solo un lifting no puede conseguir esto», admite Humberto Rodríguez Menés, cirujano plástico y miembro de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE). El doctor ha analizado la primera imagen de De la Vega y admite, además del cambio médico, un golpe de timón claro en cuanto a la estética que incluye peinado (en las manos del estilista francés afincaco en Madrid, Michel Meyer), maquillaje y vestimenta.
Podría haber más. Rodríguez Menés alaba «el lifting espectacular» del doctor Monereo, que está «muy bien hecho y muy natural», pero advierte que podría estar combinado con otras medidas como el uso de toxinas botulínicas y un tratamiento de láser, que produce una quemadura superficial en la piel que regenera los tejidos, un proceso que conlleva varias semanas de recuperación.
El último apunte del doctor explicaría más cosas. En su opinión, la fotografía de De la Vega en el día de su esplendorosa reaparición podría estar retocada, pues «en su siguiente reaparición, el jueves, ya no se le ve tan espectacular».
La exvicepresidenta no es la primera en darle una vuelta a los años en un quirófano. Ya lo hicieron Jordi Pujol, que se quitó las bolsas de los ojos y José Bono, que reapareció con una inusitada mata de pelo, que iba a más.
El poder envejece
Con todo, la vuelta a la normalidad en las biografías de los hombres y mujeres del poder ejerce un efecto rejuvenecedor. En general se ponen más jóvenes al dejar el cargo justamente porque la responsabilidad hace a los humanos más viejos. En el grupo de los que condujeron la máquina del tiempo pero en el sentido equivocado caben muchos nombres. Sirve como ejemplo el caso de José Luis Rodríguez Zapatero, al que la crisis económica le dejó canas, ojeras y bolsas en los ojos, Barack Obama, que se hizo mucho más viejo tras la crisis y el desastre ecológico del Golfo de México, Bill Clinton tras su escándalo con Monica Lewinsky, Bush durante la guerra de Irak... Todos perdieron en algún momento la batalla al reloj. Los doctores calculan que un año en el poder (sea político o empresarial) equivale a dos en la vida de los demás mortales. A esos niveles, 5 años equivalen a 10, pues el sujeto está asediado por viajes, falta de sueño, jornadas interminables y una responsabilidad que no les dejan dormir. Envejecen porque se agotan.
Nada es para siempre. La súbita vejez de algunos peces gordos vuelve atrás con la jubilación o simplemente con una vida más relajada. Con cirugía o sin ella. El ejemplo perfecto es Aznar, que al salir de la Moncloa sorprendió con una segunda juventud y unos abdominales más propios de Cristiano Ronaldo que de un expresidente de Gobierno.








