
La exministra de Sanidad, Leire Pajín. / Alex Domínguez
Hubo un tiempo en que el socialismo valenciano contenía la respiración cada vez que alguien pronunciaba el nombre de Leire acompañado de las siglas PSPV. La alicantina de adopción se convirtió en una especie de Atila socialista. Por donde ella pisaba en la Comunitat, no crecía la hierba orgánica. No es de extrañar. Con apenas 20 años se sentó por primera vez en el Congreso de los Diputados, como la parlamentaria más joven de España. De ahí, a la Secretaría de Estado de Cooperación cuatro años después, cargo que dejó para convertirse en la chica de moda en Ferraz. Su padrino, el entonces todopoderoso José Luis Rodríguez Zapatero, la encumbró como 'fontanera' del PSOE, sólo por debajo de José Blanco. Y de arreglar la vida orgánica del partido al ministerio de Sanidad, sólo hubo un paso. El fin de semana, Zapatero dejó de influir en la vida del PSOE y con él, la supernena(como la llaman sus afines) perdió sus poderes.
Leire Pajín Iraola (San Sebastián, 1976) ha pasado de serlo todo en el partido y en el Gobierno, a quedarse sin nada. Su premio de consolación tras la llegada de Alfredo Pérez Rubalcaba a la secretaría general del PSOE ha sido un puesto en el multitudinario Comité Federal. Un símbolo de que en el partido ahora es «una más del montón», en palabras de un dirigente valenciano.
La eterna aspirante a todo en el PSPV pasa por un momento de anemia orgánica. En su día, los socialistas valencianos la miraban como esperanza de cambio de lo que estaba por llegar. «Será lo que ella quiera ser», ha sido siempre la frase más repetida por su entorno. Y eso, en Blanquerías sonaba a rayos. Y es que hay que recordar que Leire Pajín ha sido siempre un referente para la federación valenciana. Alguien que en los últimos años de la era Zapatero «mandaba mucho». De hecho, si hay algo en lo que se tornó decisiva fue en el ascenso y llegada del actual secretario general del PSPV, Jorge Alarte, a la cima del partido. De eso, hace ya cuatro años. Tiempo en el que la alicantina ha coqueteado con la Comunitat.
En el congreso de Valencia Pajín ya ejerció como secretaria de Organización federal. O lo que es lo mismo: de maestra de ceremonias de lo que entre Ferraz y Blanquerias se cocinó a fuego lento. No era sólo la número tres del PSOE. Era también el referente del socialismo alicantina y el delfín de Zapatero en la Comunitat. Cada vez que se hablaba del liderazgo del PSPV el nombre de Leire salía a la palestra. De hecho, si podía haber algo que hiciera perdedor de aquel congreso a Jorge Alarte fue lo mismo que le hizo ganarlo: Leire Pajín. La alicantina le cedió sus avales en bandeja de plata al exalcalde de Alaquàs. Apostó por la renovación a cambio de un puñado de puestos en la Ejecutiva para sus amigos. De número dos, un entonces afín Alejandro Soler, y de número tres una desconocida Elena Martín. En el congreso provincial se quedó con la secretaría general para otra pajinista, Ana Barceló.
Lo de ahora, nada tiene que ver con lo que la supernena fue hace cuatro años. El error de Leire Pajín no ha sido retratarse con la ya perdedora Carme Chacón, sino no haber querido fotografiarse con Rubalcaba. Ni ella, ni los suyos.Y con el resultado del congreso en la mano, los errores se pagan. En este caso, sin sitio en la Ejecutiva, ni cargo en la dirección parlamentaria. Es decir, se queda como diputada rasa. En la Comunitat, tres cuartos de lo mismo. Su hasta ahora amigo Alejandro Soler rompió el pajinato en Alicante y le sirvió en bandeja a Alarte los avales para Rubalcaba.
Con eso, el PSPV nunca volverá a contener la respiración cuando vuelva a sonar el nombre de la supernena. Sobre todo, Jorge Alarte.








