Varias trabajadoras seleccionan las naranjas recién recolectadas en el almacén de una cooperativa. / LP
Marcamos una naranja y la seguimos desde la recogida del árbol hasta que llega a la tienda. Comenzamos en el campo, a un agricultor le cuesta al año cuidar sus naranjos, entre podas y tratamientos del fruto, 14 céntimos el kilo. Si a eso le sumas los 6 céntimos que cobran por recolectarla, más un céntimo de transporte hasta la cooperativa, la naranja ya alcanza 21 céntimos.
Aquí la naranja es seleccionada por tamaños, la limpian, enceran, envasan y eso tiene un coste de 19 céntimos el kilo. Así alcanza ya los 40 céntimos la naranja, que se encarecerá 5 céntimos si se manda a España y 30 si es exportada, por ejemplo, a Alemania. Y llega el momento de los intermediarios, la estructura comercial se embolsa un 25% por los costes de distribución.
Finalmente, la naranja llega a la tienda donde el comercio se lleva entre 15 y 30 céntimos. Así está a 0.80 céntimos el kilo de naranja que ha pasado por cooperativa, es decir, aumenta 5 veces su precio desde la recogida hasta llegar a nuestra mesa.




