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Un río de diversión

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Un río de diversión

24.09.10 - 00:24 -
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Un río de diversión
Convertirse en un as del ping-pong, darle una paliza a Kárpov al aire libre, o marcar un buen puñado de goles son sólo algunas de las actividades que ofrece el antiguo cauce del Turia, un río en el que en vez de pescar truchas se hace footing.
Este enorme y sinuoso jardín que atraviesa Valencia se divide en tramos, marcados por los más de doce puentes que lo cruzan. Desde el Parque de Cabecera hasta la Ciudad de las Artes y las Ciencias, las oportunidades de practicar algún deporte o pasar una tarde de ocio saludable de forma gratuita se multiplican a lo largo casi 13 kilómetros de extensión.
El propio Parque de Cabecera, situado en el término municipal de Mislata, además de ser escenario de bucólicos picnics, cuenta con un lago artificial en el que es posible alquilar botes a pedales en forma de cisne o barquitas con remos y navegar con la familia o los amigos. Este paraje, que alcanza una extensión de 35 hectáreas, alberga distintas zonas lúdicas para niños y está dividido en dos sectores: el Paseo del Molí del Sol y la Senda de Ribera situados uno a cada lado del lago.
Muy cerca de allí, dentro del denominado tramo 9 de octubre se ha recreado una zona de desniveles y pequeños montículos en los que desarrollar ejercicios de bicicross.
Ping Pong y mucho más
El tenis de mesa también encuentra su hueco en el pulmón verde de la ciudad, pues el río cuenta en este tramo con varias mesas de ping pong, así como un par de pistas de petanca y una zona de entrenamiento y musculación donde realizar abdominales y estiramientos. Para quienes prefieren ejercitar la mente están disponibles mesitas con tableros de ajedrez en los que cualquier jugador, experto o amateur, puede practicar sus 'jaque mate' por un rato. Eso sí, debe llevarse sus propias fichas. Aunque estas mesitas fueron diseñadas originariamente para el ajedrez y las damas, también es posible llevarse un tablero de cualquier otro juego y dejar pasar la tarde con una partida de parchís o de oca.
Hockey y fútbol sala son otras dos opciones de esta zona, pues cuenta con una pista de césped artificial habilitada para ambas actividades. De hecho, es aquí donde entrena la selección de hockey de la Comunitat. También se encuentra en el tramo una cancha de baloncesto para los que prefieren encestar a chutar.
Las azulonas pistas de atletismo del tramo de Ademuz reúnen a decenas de corredores profesionales practicando para una próxima maratón, pero también es posible trotar libremente por sus alrededores. En este recinto además de preparar carreras, los más pequeños realizan actividades de predeporte con conos y banderolas, juegan a relevos o aprenden a llevar a cabo calentamientos deportivos.
En el tramo de Ademuz la petanca es la reina del lugar, varias pistas de impoluta arena ofrecen la oportunidad de que los más jóvenes se inicien en este juego tan popular. Ciclistas y corredores aficionados surcan de extremo a extremo el río pero se concentran especialmente en esta zona gracias a la sombra de su frondosa vegetación y los amplios caminos con los que cuenta.
En el tramo de las Artes se ubica un campo de rugby, dedicado a las competiciones profesionales de este deporte en la Comunitat Valenciana, así como un área de entrenamiento para las escuelas dedicadas a esta actividad.
Para sentir aún más de cerca el 'american way of life' basta con acercarse al tramo de San José, donde se encuentra el único campo de béisbol y softball de la ciudad. Cinco recintos habilitados para jugar al fútbol, algunos de césped artificial y otros de tierra completan esta porción del recorrido, situada entre las Torres de Serranos y el Museo de Bellas Artes Pío V. Grupos de amigos o equipos federados protagonizan aquí duelos de escándalo en los que el balón y la red son los protagonistas.
Junto al puente de la Exposición, conocido popularmente como puente de Calatrava o 'de la Peineta', se alza una enorme red roja en forma de pirámide donde cualquiera puede convertirse en Spiderman, aunque no lleve mallas ni tenga muy desarrollado el sentido arácnido. Y algo parecido sucede cerca del puente de Aragón donde se alza un pequeño rocódromo con el que iniciarse en la escalada de forma segura.
El parque Gulliver domina la zona del Ángel Custodio. Se trata de una enorme escultura de más de 70 metros que reproduce el cuerpo del viajero ideado por Jonathan Swift, tendido en la playa de Liliput, esperando a que sus diminutos habitantes hagan de las suyas. Y precisamente en liliputienses se convierten quienes trepan y se deslizan por esta construcción, en las que las extremidades y pliegues del personaje se han convertido en enormes toboganes, pasarelas y paredes que escalar. Para una sesión de aventuras aquí se imponen los pantalones largos porque las rodillas siempre acaban arañadas.
Junto al intrépido Gulliver se alza uno de los primeros recintos de skate que albergó Valencia, donde los reyes del monopatín y la bicicleta pueden practicar sus cabriolas y piruetas. La zona de ocio queda completa con un minigolf en el que iniciarse en el mundo de los hoyos y los caddys y dos tableros de ajedrez gigante pintados en el suelo. Sobre estos enormes cuadros blancos y negros los niños se convierten en peones, alfiles o torres y pueden reproducir los auténticos movimientos de este juego o inventarse otros según les apetezca, que para eso son los jefes de la partida.
Además, existen más de 6.400 metros cuadrados de zonas lúdicas dedicadas a juegos para los más pequeños repartidos por todo el lecho del río. Pequeñas islas de columpios y balancines en los que nos niños pueden brincar un rato mientras los padres reposan en los bancos cercanos. Los más recomendables son los correspondientes a los tramos número cuatro y número dos.
Sobre ruedas
Frente al Palau de la Música se reúnen ciclistas y patinadores para practicar su deporte favorito sobre el adoquinado de la zona, pero los principiantes vienen hasta aquí parar dar sus primeras vueltas sobre cuatro o dos ruedas, pues el suelo liso y con suaves pendientes de esta zona favorece el aprendizaje de ambas actividades.
Aquellos que no posean una bici propia tampoco tiene excusa pues es posible alquilar una bicicleta, un tándem o un carrito a pedales para cuatro personas en diferentes puntos situados a lo largo de todo el recorrido. Estos puestos suelen estar ubicados en lugares de cierta relevancia dentro de la estructura del parque, por ejemplo, existe uno justo al lado del Parque Gulliver y otro en las inmediaciones del Palau de la Música.
Pero si lo que apetece es un paseo relajado y sin sobresaltos, el Tren del Palau es una buena opción. Se trata de un pequeño ferrocarril que recorre el río permitiendo a sus viajeros disfrutar del camino sin sudar ni una gota. El trayecto es circular, parte del Palau de la Música y llega, por un lado hasta el puente del mar y, por otro, hasta la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
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