
Las ministras Salgado, Jiménez, Aído, Corredor, González Sinde y Chacón.
Expertas en moda pasan revista a las 'muñequitas de Zapatero'
Parece demasiada penitencia por el polémico posado de 'Vogue'. La 'pasarela Moncloa' que protagonizaron hace seis años las ministras encendió una auténtica hoguera mediática, de la que no quedaban más que cenizas. Pero de ellas ha hecho brasas el periódico de referencia en Alemania, el 'Frankfurter Allgemeine Zeitung', que en un artículo demoledor ha llamado a María Teresa Fernández de la Vega y compañía «muñequitas de moda de Zapatero» -o 'maniquíes de Zapatero'-. Dicen los alemanes de los socialistas que se han vuelto «estilosos» con la llegada al poder. Hasta ahí, bien, pero luego vienen las puntillas... Que si ellas «descubren su faceta más a la moda y esperan con ello votos», que si han establecido «un campeonato de vanidades»...
Y tienen para todas... y para algunos. A Bibiana Aído le llaman la señorita 'Papá, que soy ministra', de Trinidad Jiménez dicen que es «el terror de las boutiques de la milla de oro de Madrid» y Fernández de la Vega es Fernández de 'la Vogue'. A Zapatero le recuerdan la «fiesta de Halloween» que montaron sus «hijas góticas» en la Casa Blanca, pero la estocada la reservan para Iñaki Anasagasti, del que no recuerdan el nombre pero sí que «sólo le quedan tres pelos de Fu-Man-Chu que dispone en bandas alternativas y transversales hábilmente».
Las aludidas -y los no aludidos también- se han revuelto contra el artículo por «irrespetuoso, ofensivo, intolerable y antiguo». Las especialistas en moda consultadas para este reportaje también creen que los alemanes se han pasado con la crítica. Y, encima, «no tienen razón». «Las ministras son bien parecidas y tienen una imagen actual, pero sobria y muy correcta. Desde luego, no parece que estén todo el día pensando en modelitos y manicura» -que pagan siempre de su bolsillo porque el Gobierno no tiene presupuesto para trajes-. El artículo, que viene de la prensa seria -lo publicó en la página de 'moda'-, también ha molestado a la bancada del PP: «A los políticos hay que enjuiciarlos por sus obras, no por su aspecto físico».
Pero a la vista está que el juicio se extiende más allá del ideario político y de las promesas electorales. Los americanos lo asumieron hace tiempo, con el experimento del famoso 'cara a cara' televisado entre John Kennedy y Richard Nixon, en 1960. El primero se presentó cual dandi, luciendo un envidiable bronceado y derrochando energía y vitalidad. El segundo, sin embargo apareció hasta mal afeitado y con cara de cansado. Dicen que la lucha dialéctica estuvo pareja, pero a ojos de la audiencia ganó Kennedy por goleada. Y había muchos ojos mirando esa noche: hasta 80 millones... «En Estados Unidos la imagen se cuida muchísimo, un gesto inadecuado puede dar al traste con toda una campaña política», advierte Guadalupe Cuevas, directora de Fashion Assistance, empresa de asesoría de imagen. El mejor ejemplo, apunta, es el propio presidente. «Obama es muy elegante, le sientan bien los trajes y acierta con las corbatas». «Se le ve cómodo, se mueve y la chaqueta vuelve a su sitio porque lleva un traje hecho a medida», coincide Patrycia Centeno, periodista especializada en política y moda.
El ejemplo contrario lo tenemos en casa. «A Zapatero le tiran las mangas, lleva la corbata torcida... antes iba de sastre, pero ahora va de confección, aunque últimamente ha mejorado un poco». El líder del PP, Mariano Rajoy, tampoco parece gran competencia en el terreno estético. «Lleva algo mejor el traje, pero descuida la barba».
Capítulo aparte merecen los 'tomates' en los calcetines que 'lució' el líder de los populares en un torneo de tenis hace tres años o la foto del ministro español de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, con un turbante afgano en visita oficial. «La imagen no debe anular el mensaje, hay que evitar todo lo que chirríe», advierte Paz Herrera, directora en Madrid de '¡Qué me pongo!'.
Que tampoco es tan complicado vestirse bien, advierten los especialistas. «Con un buen traje a medida y una corbata bonita los hombres tienen mucho camino andado. En caso de duda, mejor traje oscuro, camisa blanca, azul pálido o con rayas discretas, corbata sin estridencias y zapatos lustrados a juego con los calcetines. El pelo, bien cortado y si llevan barba o bigote, que sean impecables».
Pelín más complicado es el armario femenino, pero tampoco tienen por qué dar que hablar si cumplen ciertas 'reglas'. «Quedan prohibidas las minifaldas, las joyas exageradas, el maquillaje excesivo, los maxibolsos, las plataformas y las sandalias descalzas. Tampoco están bien vistos los escotes y los brazos descubiertos para las ocasiones formales. Los colores, mejor lisos, sin estampados», detalla Cuevas.
Salvo contadísimas excepciones, nuestras ministras se han aplicado el cuento. «Van muy correctas y tienen una imagen muy profesional. Es absurdo insinuar que porque una ministra vaya a la moda y sea femenina sea menos seria o vaya a hacerlo peor en su trabajo». No lo ha dicho así de claro el corresponsal en Madrid del 'Frankfurter Allgemeine Zeitung', pero casi. «Están acostumbrados al look sobrio y masculino de Angela Merkel. Y quizá con la comparación las ministras españolas parecen más fashion». ¿Y qué si lo son?








