El Ministerio de Cultura ha decidido no paralizar la construcción de un rascacielos de 178 metros de altura en la isla de la Cartuja, diseñado por el arquitecto César Pelli y futura sede de Cajasol, a pesar de las quejas de la Unesco por el perjuicio que se produce en tres monumentos cercanos declarados Patrimonio de la Humanidad. Un comité formado por responsables gubernamentales, del Ayuntamiento hispalense y a Junta de Andalucía dictaminó el jueves que la torre sí afecta al paisaje, aunque no incumple ninguna normativa patrimonial ni urbanística.
El asunto ha provocado un gran revuelo en los últimos años. La asociación Icomos, que asesora a la Unesco en asuntos relacionados con el patrimonio histórico, dio la voz de alerta al considerar la posibilidad de incluir el Archivo de Indias, el Real Alcázar y la Giralda en una lista de patrimonio en peligro, debido a la cercanía del rascacielos, que empequeñece por completo los 90 metros de altura del icono de la capital andaluza.
La isla está fuera del ámbito determinado como centro histórico, lo que le ha servido a las Administraciones implicadas, todas gobernadas por el Partido Socialista, a solventar con el informe cualquier posible inconveniente para la torre.
El documento será enviado a la Unesco, que estudiará el caso en una reunión el próximo junio. El rascacielos servirá por entero para servicios de la caja de ahorros y la alcaldesa Rita Barberá citó ayer este proceso como ejemplo de la «diferencia de trato» del Ministerio de Cultura hacia el plan del Cabanyal. «Incluso con una denuncia de la Unesco y no han hecho nada».
La construcción de la torre fue el detonante para la creación de asociaciones en defensa del patrimonio histórico de la ciudad, incluso la publicación de un libro donde se detallaban las razones por las que no se debía levantar la moles de 178 metros de altura, el nuevo techo de Sevilla, en una torre redondeada y donde predomina el cristal.











