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Microviñas para grandes vinos

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Microviñas para grandes vinos

30.01.10 - 01:14 -
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Joan Cascant es delineante y Toni Boronat regenta una pequeña industria textil, pero por las tardes, fines de semana y siempre que el guión lo requiere, ejercen de viticultores, porque lo que nació como un hobby, su Proyecto Microviñas, ha tomado cuerpo y avanza con fuerza.
Ambos son de Muro y amigos de toda la vida. Del vino tenían los conocimientos que da la afición por apreciarlo y ese gusanillo que a menudo anida en espíritus algo urbanitas que se resisten a dejar atrás el terruño, miran por recuperar ciertos orígenes y añoran los paisajes y los hábitos perdidos de la niñez. Así que, como ocurre tantas veces, pensaron en hacer su propio vino, pero en este caso, a diferencia de lo que pasa casi siempre en iniciativas de tal talante, la aventura ha llegado a buen puerto y navega con velas hinchadas de sensibilidad, reconocimiento, amor por los valores culturales y rentabilidad, que es la condición indispensable para que pueda sostenerse. Asi que Joan y Toni reconocen que se sienten abrumados y sorprendidos por el alcance de su Proyecto Microviñas.
Fue en 2003 cuando decidieron hacer su propio vino. Contaban con unos pequeños terrenos familiares, de sobra para lo que pretendían, y empezaron de cero. En estas comarcas montañosas de L'Alcoiá y el Comptat, al norte de Alicante, hubo mucho viñedo y mucho vino, pero eso pasó a la historia. La gente se fue ocupando en la industria y la mayoría de los bancales quedaron abandonados. Ya saben, el minifundio que teóricamente impide su rentabilidad, por falta de dimensión.
Tan sólo pervivía alguna viña esporádica, desperdigada, y las cooperativas de la zona perdieron también impulso. Como no había precio dejaron de ser rentables y como no daban dinero no se podía hacer calidad y había menos precio. La pescadilla que se muerde la cola y que estos nuevos viticultores están desenganchando para demostrar que el minifundismo es viable, puede dar dinero y encima aviva el paisaje dormido y desangelado.
Cuando tuvieron en las manos su primer vino, Toni y Joan concluyeron que aquello se podía beber y decidieron pasar una reválida. Fueron a la bodega de Pablo Calatayud, Celler del Roure, en Moixent, que estaba ganando justo renombre, y le pidieron que valorara su producto. Y les puso una nota alta que les animó enseguida a progresar. En realidad siguieron el mismo proceso que recorrió unos años antes el propio Pablo, cuando fue con sus vinos iniciales al Priorato tarragonés, que entonces empezaba a ser la gran referencia de la calidad más novedosa en viñedos de montaña, y se sometió al examen de José Luis Pérez, uno de los 'padres' del moderno Priorato, junto a René Barbier y Álvaro Palacios. Pérez le dio un sobresaliente a Calatayud que le dio alas, y este hizo lo propio con Toni y Joan. Pero además, José Luis Pérez participa del proyecto enocultural de las Microviñas de Muro y su hijo Adriá y su sobrino Marc son socios del mismo.
Con su primer éxito, Joan y Toni se vieron obligados a seguir cuantos cursos de viticultura y enología encontrarse, para ganar conocimientos de manera acelerada. Ahora, el eje central es el 'Celler de Muntanya', la bodega, en Muro. A su alrededor, en el propio término de Muro, en Gaianes, Beniarrés, Banyeres, Alcosser de Planes, Agres..., las pequeñas viñas recuperadas de 30 socios que participan en el proyecto con distintos tipos de acuerdos comerciales.
Son viñas de variedades autóctonas, como Giró, Garnacha Tintorera, Bobalet (Bobal), Bonicaire, Monastrell, Malvasía, Merseguera, Macabeo, Verdil, Garnacha Blanca... Tan sólo han introducido una una uva foránea en alguna parcela: la Shiraz, porque es la que más se parece a las locales y para aprovechar su vigor de crecimiento en terrenos más pobres.
Los bancales son pequeños, algunos casi minúsculos y están esparcidos por toda la comarca. No importa; lo que interesa es aplicar con rigor los criterios marcados en el proyecto, la autenticidad y, como señala Joan Cascant, «nuestro compromiso ético, nuestra filosofía».
¿En qué estriban estos postulados? Recuperar paisajes deteriorados, cultivar las mejores uvas con el máximo respeto al entorno natural, generar empleo, conseguir grandes vinos y demostrar que el minifundio no sólo es viable con principios de calidad y rentabilidad, sino que es deseable, porque fija población, aprovecha en equilibrio los recursos naturales, aporta belleza y diversidad y permite obtener productos únicos, irrepetibles, con empeños empresariales bien gestionados, a la medida humana. Joan asegura que «con tres hectáreas de viña de calidad y bien llevada, un agricultor puede vivir»
La buena acogida que están teniendo sus vinos Albir, Lliure Albir (blancos), Almoroig, Celler la Muntanya (tintos) y el dulce natural de Moscatel de Alejandría corroboran el éxito del proyecto, y eso que son vinos de gama media alta, es decir, de precios relativamente altos, entre 9,60 y 18 euros la botella en la propia bodega y para compras por internet. Son vinos muy cuidados, como mimadas están las micro viñas de donde salen las uvas, y el proyecto pretende remunerar adecuadamente al viticultor para que pueda hacer calidad y toda la cadena sea sostenible en términos económicos, socioculturales y en su relación con el ecosistma.
Lista de espera
Ahora están en una producción de 35.000 botellas anuales. Podrían crecer exponencialmente, porque tienen lista de espera, pero prefieren ir paso a paso, y sólo aceptan nuevos ingresos de socios o productores colaboradores cuando saben que tienen mercado para aumentar la oferta. Por supuesto, siempre con los máximos criterios de calidad y en producción integrada: mínimo consumo de agua, fertilizantes y plaguicidas, contrtol biológico de plagas, etc.
Hay varias modalidades de relación comercial entre el 'Celler de Muntanya' y sus socios o proveedores. Primero, Joan y Toni empezaron a tomar en alquiler parcelas cuyo cultivo estaba abandonado o en trance de estarlo. Como no tenían dinero no podían meterse en compras de tierra y optaron por arrendar. Con ello, los agricultores que les arriendan ya obtienen más dinero que antes.
Pero al abrigo del éxito obtenido, algunos agricultores y profesionales prefieren cultivar por ellos mismos. Bueno, agricultores-agricultores quedan bien pocos en la zona; más bien son profesionales, pequeños industriales, tenderos y modestos comerciantes de otros sectores que heredaron unas tierras, o las compraron, y tienen la ilusión de verlas en producción, dándoles rendimiento y satisfacción. Por supuesto, quienes cultivan directamente sus parcelas lo hacen siempre bajo el asesoramiento del 'Celler'. «Esa es la condición indispensable -cuenta Joan-, las cosas se han de hacer bien, como nosotros creemos».
Luego están los dueños de parcelas que no desean arrendarlas, sino mantener su pleno dominio, pero ceden la gestión del cultivo, que lo lleva por entero el 'Celler de Muntanya'. Para ello, y para trabajos concretos en otros casos, organiza equipos de operarios y técnicos para realizar podas, tratamientos, vendimia, etc. y supervisar la idoneidad de todas las tareas.
La última modalidad de viticultor en presentarse es normalmente de ámbitos urbanos. Personas que quieren ver cumplido su viejo sueño de tener una viña que les dé su vino, pero que no podrían hacerlo por sí mismo y ven que esta iniciativa se acopla perfectamente a sus inquietudes. Entonces pueden encontrar aquí viñas en alquiler y la opción de cultivarlas ellos o ceder la gestión agrícola.
En las formas de cobro también se puede elegir. La bodega compra la uva a tanto el kilo. El precio básico de la última vendimia ha sido 80 céntimos (seis o siete veces el precio de otras zonas), pero se reconoce también la mayor calidad y se superan en casos el euro y medio. Ahora bien, hay viticultores que quieren quedarse toda o parte de la producción de vino, para regalar en su empresa, por ejemplo, y establecen acuerdos específicos.
Cultura y romanticismo
Sin embargo se equivocaría quien viera en todo esto sólo un objetivo comercial. Prevalece el romanticismo por regenerar los valores de una comarca que fue vitivinícola, por ensalzar la relación entre el vino y el arte. De ahí ha surgido la asociación 'Elviart', implicando a instituciones municipales, la Universidad de Alicante, compositores, bandas demúsica, pintores, profesores..., porque Toni y Joan enlazan su proyecto agronómico y vinícola con «el mundo del conocimiento».
Fruto de este empeño cultural es la instalación de microviñas en los patios de tres institutos de la comarca, para que los estutiantes conozcan de primera mano lo que es la agricultura y reivindicar que esta no se vea despreciada en los planes de estudio. En 2008 organizaron el I Congreso de Minifundismo y ya preparan el II, porque su modelo es exportable a otros cultivos y otras áreas. Por eso producen ya un inmejorable aceite virgen extra de oliva, 'D'Olives', que logró en 2008 el primer premio de la Comunitat Valenciana, y les requieren de otras regiones para que ayuden a regenerar zonas agícolas degradadas.
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Joan Cascant, en un pequeño viñedo recién podado, de la variedad autóctona Monastrell, desarrollado en doble espaldera y sin labrar el suelo, en Beniarrés. :: ALEX DOMÍNGUEZ

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