Valencia ha sido capaz de reunir a más de 2.000 músicos en el paseo de la Alameda para interpretar 'tots a una veu' el himno regional; es tierra fructífera en bandas de música, coros y formaciones clásicas y contemporáneas; ha sido cuna de grandes maestros como Serrano, Rodrigo, Chapí, Tárrega o Martín i Soler; y se vanagloria de compositores actuales, como Bernardo Adam Ferrero o Joaquín Soriano, sin embargo, la Comunitat Valenciana no ha creado todavía un museo dedicado a la historia de la música, de los instrumentos musicales, los músicos y los compositores valencianos.
El Consell Valencià de Cultura, con un informe de Jesús Huguet, propuso poner en valor todo el patrimonio instrumental de la Comunitat «con un museo capaz de recoger, restaurar y conservar instrumentos y partituras. Un espacio que también debería promover la investigación y divulgación, docencia y archivo», según reza en el informe emitido. Pero las notas musicales de la institución consultiva se han quedado sólo en sonido, en el aire, y nadie ha hecho suyo el reto de hacer justicia con la memoria musical.
Los descendientes de ilustres compositores valencianos, consultados por LAS PROVINCIAS, anhelan un museo donde el legado de los genios valencianos luzca como merece para que las generaciones futuras conozcan bien su pasado musical.
«En muchas ocasiones, mi primo me comentó que deseaba que su obra estuviera en Valencia. Adoraba la ciudad donde nació y le hubiera encantado ver que sus composiciones, sus pianos Gaveau y sus objetos personales estuvieran en un museo de Valencia», detalla Rosa Báguena, prima hermana de José Iturbi, que vive en una residencia de Valencia.
Rosa añade que se compraron en una subasta en América algunas de las medallas y los pianos del compositor -que ahora están en el Palau de la Música y en el Instituto Valenciano de la Música-, «pero su herencia se ha desmantelado toda. Una fortuna que se ganó en Hollywood a pulso se ha perdido. He escuchado muchas promesas, pero no se ha hecho mucho en Valencia por reunir todo su legado de forma conjunta».
En 2009, un compositor que 'sonó' mucho fue José Serrano (Sueca), porque se cumplían los 100 años de la creación de la partitura original del Himno Regional. Antes de verano el Consistorio de Valencia trajo el documento musical desde Murcia, donde se encuentra custodiado por el ayuntamiento local -después de que el Sindicato del Transporte de Murcia lo adquiriera por 25.000 pesetas como ayuda para la riada de 1957-. Además, el Ateneo Merantil de Valencia y el Palacio de la Exposición mostraron en una gran muestra objetos personales del compositor.
Genios creativos
Para el maestro Serrano, todo tenía clave de música «y creó muchos muebles que tenían forma de instrumentos. Hay una silla que es media castañuela, un reloj que adopta la forma de pandereta, sillones que eran timbales y los brazos eran mazas. Se han conservado cosas como una batuta, pianos de cola, partituras, una de ellas sobre el Himno Regional numerada con un dibujo del pintor Benedito», explica Ysaura Navarrete, nieta del compositor valenciano.
A la pregunta de si le gustaría que Valencia tuviera un museo de la música, Ysaura Navarrete explica: «Todo lo que sea honrar la memoria de personajes ilustres y la cultura de un pueblo, me parece fantástico».
2009 fue, además, el año del centenario de la muerte de Ruperto Chapí, natural de Villena, que llevó la zarzuela a lo más alto. Tanto en su población natal, como en Valencia y Madrid, se programaron congresos, homenajes y exposiciones, pero Chapí tampoco tiene hueco en un museo de la música.
María Ángeles Tejedor Casal es bisnieta de Ruperto Chapí (uno de los 17 bisnietos del compositor) y la representante familiar en temas de derecho de autor. «Me encantaría, al igual que a todos los amantes de la música, que Chapí formara parte de un museo. De hecho, he puesto en venta documentos muy interesantes que he legado de mi bisabuelo y, de momento, nadie ha mostrado interés por adquirirlos. Tengo la memoria que escribió en Milán, cuando sólo tenía 25 años; cartas dirigidas a su hija y a su yerno, Enrique Casal Torregimeno; objetos personales, como los pañuelos de seda que utilizaba con sus letras bordadas, un reloj que le regaló Arrieta o un cuadro, titulado 'La inspiración', donde se representa a Chapí tocando el piano y con alegorias de zarzuelas», explica.
La bisnieta asegura que la familia estaría muy contenta de ver a Chapí en un museo de la música. «Además, fue el fundador de lo que hoy es la Sociedad General de Autores. Había un editor, Fiscovich, que se quedaba los derechos de autor de las obras y los compositores cobraban muy poco. Llegó un momento en que Ruperto Chapí decidió poner fin a la situación y, por eso, surgió la Sociedad General de Autores, a la que mi bisabuelo donó las partituras originales de más de 180 piezas», añade.
Cesiones temporales
En la actualidad, «la Biblioteca Nacional tiene todos los originales de las obras de Chapí y, por eso, han llegado a nuestros días. No queríamos que las piezas estuvieran en manos privadas y quedaran en el olvido. Seguro que estos documentos se podrían exponer en un futuro museo de la música, a modo de una cesión temporal, para que la vean todos los valencianos», detalla la bisnieta.
Otro referente indiscutible para el museo de la música sería el maestro Joaquín Rodrigo, del que se han cumplido diez años de su muerte. Su hija, Cecilia Rodrigo, ha conservado con especial mimo los archivos y legado del músico. Consiguió abrir en Madrid la casa museo Rodrigo y una fundación.
«Decidimos habilitar la casa donde vivió en Madrid como casa museo. Creo que la creación de un museo de la música en Valencia es un proyecto complejo, puesto que muchas familias de compositores tenemos nuestros organismos propios, tanto fundaciones como casas museo. Quizás lo que sería más factible sería hacer cesiones temporales para que se puedan ver en Valencia», según Cecilia Rodrigo.
Como detalla Cecilia, en el año 2001 el museo San Pío V de Valencia ya realizó una magna exposición sobre el músico y, más tarde, se organizaron muestras en Sagunto, en el Palacio de Aranjuez de Madrid y en Santiago de Compostela, con pianos, manuscritos, fotografías y cuadros.
Oportunidad perdida
Una de las personas que más ha luchado por crear un museo de la música en Valencia es Carlos Blanco Fadol, un uruguayano que lleva muchos años en la Comunitat. Según Blanco Fadol, «hace años que propuse abrir un museo de la música en la Beneficencia, concretamente en 1983. Estuvo a punto de salir adelante, pero al final no cuajó». Este vecino asegura estar muy apenado, «porque mi obra, mi colección, comenzó en Valencia. Incluso tuve un museo dedicado a los instrumentos de caña en Ribarroja y uno en el Palau de Altea con más de 3.000 piezas expuestas de los cinco continentes».
En el caso de las piezas mostradas en Altea, apunta que se podían ver hasta hace unos años en el Palau, «pero un cambio de gobierno local, se terminó el convenio, y decidieron no renovarme la muestra. Una auténtica pena», añade el joven Blanco Fadol.
Ahora muchos de sus fondos están custodiados en cuatro naves industriales y, parte, se muestra en Barranda (Murcia), muy cerca de Caravaca de la Cruz. «Escogí esta localidad porque tiene una tradición folclórica que data del siglo XVI, cuando había tradición de música en cuadrillas», detalla.
Además, indica que en abril de 2010 abrirá un museo con parte de su colección en Uruguay y también en Santo Domingo, «donde he contado con el apoyo de la cantante Ángela Carrasco».
Blanco Fadol insiste en que es una pena que Valencia deje escapar la oportunidad de crear un museo dedicado a la música. También argumenta que, además de coleccionista, ha inventado más de 100 instrumentos y que colaboró en la reproducción de los instrumentos diseñados por un genio como Leonardo da Vinci.
Este valenciano de adopción, tiene más de 4.000 instrumentos de 150 países, de los cinco continentes y apunta que la Comunitat todavía está a tiempo de montar su propio museo.











