Las Provincias

Tenso 12-M en las mezquitas

Pintada xenófoba en el consulado de Marruecos en Valencia, un tiempo después del 11-M.
Pintada xenófoba en el consulado de Marruecos en Valencia, un tiempo después del 11-M. / EFE. KAI FÖRSTERLING
  • Agentes secretos que ofrecían dinero por información, insultos a periodistas y conato de disturbios islamófobos en el barrio de Ruzafa

  • Trabajo en LAS PROVINCIAS desde 1997. He hecho de casi todo: Comunitat, Cultura y edición web, entre otras secciones. Ahora me dedico a los especiales por el 150.º aniversario del periódico y escribo el blog 'Nyas coca'.

11 de marzo de 2004. 8 y pico de la mañana. Salgo hacia la sede de UGT. Había quedado a desayunar con un sindicalista, responsable de servicios sociales, para hacer las paces tras un desafortunado desencuentro profesional un año y pico antes. Hacia las 9.30 h me llaman del periódico. Lo de Madrid estaba poniéndose muy feo, ya se contaban más de 40 muertos. Me voy corriendo a la redacción. Una edición especial saldrá a la calle a las tres. Nos asignan el trabajo a cuatro o cinco compañeros: dos páginas por cabeza. A esas horas sólo se piensa en ETA, nadie imagina otra opción. Minutos antes del cierre, Jorge Aguadé lanza un primer aviso. Cuidado, que Otegi dice que no han sido ellos...

No hay tiempo. Nadie hace caso al teletipo del batasuno. A esas horas se impone la hipótesis etarra. El resto del día es de sobra conocido. El ministro del Interior habla de dos líneas de investigación.

En el 12-M LAS PROVINCIAS es de los pocos que apuntan a Al Qaeda. Es viernes, día del rezo obligatorio para los musulmanes. En esa época la inmigración está en plena efervescencia en Valencia. Acudo a la mezquita grande, la de Xúquer. Allí se reúnen representantes de la mayoría de entidades religiosas islámicas y asociaciones cívicas de magrebíes. El mensaje es rotundo: absoluta condena al terrorismo.

Mucha tensión en el exterior de la mezquita, tras años de acciones xenofóbas. Visible presencia policial. Mucho uniforme. Mucha 'lechera'. Se palpa el nerviosismo. Innegable riesgo de represalia (injusta) contra la comunidad musulmana, que nada tiene que ver con quienes asesinan en nombre de su Dios. Los rumores se disparan. De normal ya son muy frecuentes en el mundillo: historias del Mosad y el Cesid (CNI), teorías conspiranoicas del 11-S. Pero además de habladurías, hechos confirmados: policías o agentes secretos ofrecen dinero por información. Al margen de lo que diga el ministro, los inspectores parecen tenerlo claro.

Asisto al rezo. De pie, brazos cruzados. Nadie me mira mal. Nadie recela. No soy un intruso. Yo me limito a observar. Más tarde un compañero de profesión que no ha estado allí me pregunta, iluso, en busca del titular facilón, morboso, peligroso: «¿Ha habido llamadas a la Yihad?». Eludo responder con una broma. Ando un poco justo de árabe y no me he enterado bien de lo que ha dicho el imán. Personas de absoluta confianza me han traducido. El líder religioso, sirio, sólo ha hecho llamamientos a la paz. Anima a extender el mensaje de condena a los atentados mal llamados islamistas. Me marcho a otro oratorio. A Ruzafa, calle Buenos Aires. Allí también me conocen. El ambiente no es tan cortante.

Por la tarde, en la redacción. La desinformación hace estragos. Suena el teléfono. Me insultan sin mediar otra palabra. A varios compañeros ya les ha pasado. La acusación: querer tapar la autoría de ETA. Tras un ejemplar trabajo periodístico el resultado es la incomprensión de parte del público. Nos dedicamos a difundir la información que tenemos, no a campañas de partidos. Días después algunos llamarán a pedir disculpas.

Nunca se publicó que esa noche hubo conatos de disturbios en Ruzafa. Yo lo supe demasiado tiempo después. Grupúsculos de latinoamericanos (al parecer, algunos borrachos) claman venganza por un barrio entonces con amplia presencia magrebí. Cómo han cambiado esas calles en 11 años. Curioso que quisieran honrar así sólo a las víctimas sudamericanas. La entereza de la comunidad 'islámica' impide enfrentamientos. Todo un ejemplo. Los españoles en su mayoría también dan muestras de una enorme madurez pese al dolor por 192 muertes. Alguna excepción habrá más adelante.